
El dr. Carlos Grellet se desempeña en la Universidad Nacional de Tucumán. Es investigador del CONICET habló sobre los bioinsumos y consideró fundamental la decisión de los gobiernos de establecer prácticas productivas sostenibles. Su experiencia en la investigación y su visión sobre la transición.
La investigación y el desarrollo de insumos orgánicos para potenciar la producción en los cultivos de manera más saludable es un hecho en Misiones. Mediante la ley de promoción de bioinsumos, la provincia busca frenar el uso de sustancias sintéticas en las chacras y así también los efectos nocivos tanto en el ambiente como en la salud de las personas.
Estas propuestas se abren paso en distintos puntos del país, como es el caso de Tucumán, donde científicos identificaron y purificaron un compuesto vegetal para utilizarlo con fines agronómicos y biotecnológicos.
El dr. Carlos Grellet es bioquímico y se desempeña como investigador adjunto del CONICET en la Universidad Nacional de Tucumán. Forma parte del equipo de trabajo que estudió los glucósidos de ácidos grasos (GAGs) de la frutilla, un compuesto que induce respuestas de defensa en las plantas.
Estos bioinsumos no solo previenen enfermedades en los campos, sino que también estimulan el crecimiento y son capaces de eliminar hongos y bacterias. “Descubrimos que aplicados a elevadas concentraciones tienen un efecto antibiótico, pero en dosis menores actúan como vacuna vegetal ya que estimulan la inmunidad de las plantas”, explicó.
En comunicación con Grellet contó que el equipo de investigadores está compuesto por una gran variedad de especialistas en diversos campos de la ciencia. Desde bioquímicos clínicos, ingenieros agrónomos y biotecnólogos hasta ingenieros biomédicos y biólogos.
“Desde el área y la experiencia de cada uno, todos aportan propuestas y datos novedosos para el desarrollo de bioinsumos, además de otras tecnologías para la agricultura sostenible”, sostuvo. Poder trabajar dentro de un grupo interdisciplinario, afirmó, es algo provechoso si se tienen en cuenta los distintos puntos de vista.
Un mercado internacional que exige
El estudio de los insumos orgánicos surge por la necesidad de reducir el uso de fertilizantes y pesticidas de origen sintético. Estos tienen un efecto tóxico a corto y largo plazo, cuyas consecuencias se ven reflejadas en el ambiente y en los humanos, desde aquel que manipula el producto en el campo hasta el que consume de los cultivos.
“Esa es la principal ventaja de los bioinsumos sobre los sintéticos. El mercado internacional limita cada vez más los residuos químicos detectables en frutas y verduras, por lo tanto a nivel mundial se busca reemplazar estos productos por otros de origen natural”, indicó.
En lo que respecta a las consecuencias está el caso del limón, en cuyas plantaciones se usa un potente fungicida químico. Esto evita que la fruta se pudra antes de llegar a destino, ya que en nuestro país es de exportación. “Los barcos demoran 40 días en llegar a Europa y los pagos son por cada fruta sana, lo que le rinde al productor. Sin embargo, se demostraron los efectos carcinogénicos del fungicida utilizado y algunos países ya no permiten el ingreso de productos con este residuo”, apuntó el bioquímico.
Otra de las ventajas tiene que ver con el valor de los orgánicos en los mercados. Esto se da a partir de la demanda de los consumidores por alimentos más sanos, que a la vez colabora con detener significativamente los daños ocasionados por los químicos. Un producto orgánico sale mucho más caro que uno producido de forma convencional.
El rol de la comunidad científica y el apoyo de los gobiernos
El norte de los investigadores, según precisó Grillet, es generar proyectos que tengan una aplicación socioeconómica real. Esto enmarca al estudio de alternativas sostenibles para el agro, con el objetivo de contrarrestar enfermedades en los cultivos y ayudar a aumentar los rendimientos.
Consideró que el acompañamiento del Estado es fundamental para alcanzar estas metas. “El trabajo debe ser en conjunto desde la investigación, la difusión y las actividades de extensión, donde los científicos puedan llevar sus resultados, explicarlos y demostrarlos frente a toda la sociedad, haciendo que esa información sea accesible”, aseveró.
En ese sentido, destacó la importancia de la cercanía con los productores, ejes en la implementación de las buenas prácticas en la chacra. Junto a su equipo de la Universidad Nacional de Tucumán comparten las novedades y realizan pruebas de campo, es decir experimentales, en cultivos cedidos por los propios dueños.
“Los gobiernos y las instituciones que nuclean a los trabajadores agrícolas deben difundir estos temas. Así, los productores pueden plantear nuevos problemas y los investigadores, a su vez, generamos un plan de trabajo y seguimos investigando”, instó.