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Vuelta a clases: los números de la educación en Misiones

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Este lunes 2 de marzo inicia formalmente el ciclo lectivo 2026 en la provincia, con la mirada puesta en garantizar el regreso a clases con seguridad y en óptimas condiciones, el Gobierno misionero implementó un fuerte plan de de inversión para fortalecer la infraestructura escolar, de esta manera, alrededor de tres mil instituciones educativas se encuentran en condiciones para, junto a un plantel de 35 mil docentes, recibir a más de 400 mil alumnos de todos los niveles.

En ese marco, durante los meses previos, el Gobierno provincial destinó al sistema educativo misionero más de 1.150 millones de pesos a trabajos de mantenimiento, mejoras edilicias y equipamiento en establecimientos escolares de distintos municipios.

El plan forma parte de una estrategia que contempla infraestructura escolar (que continuará ejecutándose durante todo el año), sostenimiento del Boleto Educativo Misionero (BEM), la actualización salarial docente prevista para el primer tramo del año, entre otros.programas que garantizan el acceso al sistema educativo.

En ese contexto, el gobernador Hugo Passalacqua, dispuso una serie de medidas para garantizar mejores condiciones de enseñanza y aprendizaje, con un retorno al aula seguro y que permitan garantizar el acceso a la educación y la inclusión de todos los niños, adolescentes y jóvenes misioneros.

Educación pública de gestión privada

Además, cabe destacar que Misiones cuenta con 263 establecimientos educativos públicos de gestión privada, de los de los cuales 247 son financiados a través del Servicio Provincial de Enseñanza Privada de Misiones (SPEPM), lo que representa el 96,47 por ciento del total.

Dentro de esas 263 instituciones, distribuidas en toda la provincia, se comprende a un plantel integrado por 13.400 educadores, para recibir este año a aproximadamente 135 mil alumnos.

Obras en establecimientos educativos

Respecto a la inversión del Gobierno de Misiones, de 1.150 millones de pesos, la misma es destinada a trabajos de mantenimiento, mejoras edilicias y equipamiento en establecimientos educativos de distintos municipios. El plan forma parte de una estrategia que contempla infraestructura, sostenimiento del Boleto Educativo Misionero (BEM), la actualización salarial docente prevista para el primer tramo del año, entre otros.programas que facilitan el acceso al sistema educativo.

Toda esta asignación presupuestaria se financia con recursos propios de la Provincia ante la baja recaudación, debido a la actual coyuntura que vive el país y afecta también a los misioneros, y la merma en el envío de fondos nacionales.

El Boleto Educativo Misionero, una herramienta clave

De acuerdo a las cifras oficiales, el BEM alcanza a alrededor de 400 mil usuarios que utilizan el beneficio cada año. La iniciativa permite a estudiantes de los niveles inicial, primario, secundario, terciario y universitario acceder al transporte público sin costo. De ese modo, favorece la continuidad de los estudios y brinda un alivio fundamental para la economía de las familias.

De ese total, unos 250 mil alumnos utilizan diariamente el Boleto Educativo Misionero para ir a la escuela y regresar a sus hogares.

Las inscripciones ya se encuentran habilitadas a través de la web oficial. Por ello, el funcionario pidió realizar el trámite antes del inicio de clases para evitar demoras y contrastó que la alta demanda diaria refleja el alcance territorial de la política.

El ahorro para las familias resulta significativo. Si un pasaje cuesta 1.365 pesos con SUBE, y un estudiante de primaria requiere de dos pasajes diarios, lo que representa 40 pasajes al mes durante nueve meses, da un ahorro de $491.400 por estudiante.

En el caso de un hijo que esté cursando en una escuela técnica, donde los estudiantes pueden utilizar cuatro pasajes diarios, serían 80 viajes al mes durante nueve meses de clases, cada estudiante tendría un ahorro aproximado de $982.800, cálculo que muestra el verdadero impacto económico del BEM en las familias misioneras.

Medidas que aliviaron el bolsillo

Además de la disposición del Boleto Educativo Misionero, el gobierno de Misiones brindó una serie de medidas para que las familias puedan tener en cuenta en la previa al inicio a clases.

Una de ellas tiene que ver con los Programas Ahora, puntualmente los Ahora Escolar y Ahora Textos. El Ahora Escolar estará vigente los días jueves y viernes hasta el 13 de marzo de 2026. Ofrece financiación en 1 o 6 cuotas sin interés y un reintegro del 25% (20% en comercios no misioneros) con un tope de $37.200 por operación, sin límite de monto financiable. Están incluidos artículos de librería, uniformes, guardapolvos, indumentaria y calzado. El costo del reintegro se distribuye con un 10% a cargo del comercio y un 15% absorbido por el Banco y la Provincia (10% en comercios no misioneros), mientras que el costo financiero es asumido por ambas entidades.

Por su parte, el programa Ahora Textos, se extiende hasta el 30 de abril de 2026, también los jueves y viernes. La financiación alcanza 1, 3 o 6 cuotas sin interés, sin límite de compra. El programa está orientado exclusivamente a la compra de libros, revistas y publicaciones similares. En este caso, los comercios afrontan un 3% de costo financiero, mientras que el resto es cubierto por el Banco y la Provincia.

Otra cuestión no menor en este sentido fue la acreditación del pago de la Ayuda Escolar. El beneficio alcanzó a trabajadores con uno o más hijos en edad escolar.

El monto establecido es de $91.000 por cada hijo. En los casos de hijos con discapacidad, la suma ascendió a $227.500 por cada uno.

El pago de la Ayuda Escolar se enmarcó en un esquema de políticas educativas y de asistencia económica antes del inicio de clases

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Resistir el ahogo

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El gobierno nacional ahorca financieramente a las provincias mientras, en simultáneo, se desentiende de múltiples obligaciones sumiendo al país en un escenario recesivo y con una inflación en alza.

El país entra en un semestre que no asoma sencillo. No es una metáfora climática, sino una sequía de recursos. Caen la recaudación y la Coparticipación, la Nación profundiza el ajuste y la economía no muestra señales de crecimiento, no arranca. El consumo no despega, la inversión privada no aparece y el crédito sigue restringido. El resultado es un paisaje conocido: ahogo financiero, industrias que sustituyen producción local por importaciones más baratas y menos demanda de trabajo misionero y argentino.

En el preámbulo de la apertura de sesiones ordinarias los datos fiscales arrojados por IARAF son alarmantes, según el instituto, el mes de febrero de 2026, el gobierno Nacional envió al consolidado de provincias más CABA $5.443.000 millones en concepto de Coparticipación, leyes especiales y compensaciones, frente a $4.424.000 millones enviados durante igual período del año anterior. Es decir que se observó una variación nominal del 23%. Descontando el proceso inflacionario del período, esto se traduciría en una baja real del 7,4%. Por su parte, la coparticipación, es decir las transferencias automáticas menos leyes complementarias y compensaciones, habrían descendido un 8,8% real. Según la información suministrada por la DNAP, la caída de la coparticipación neta en febrero se debería principalmente a la disminución real interanual del 13% del IVA, mientras que el impuesto a las ganancias también mostró una variación negativa, del 0,8%. En conjunto la recaudación de IVA e IIGG habría registrado una baja real interanual del 8,3%. No obstante, la caída en la recaudación de impuestos internos de 16,6% generó que la coparticipación neta tuviera una variación negativa del 8,8%.

Al igual que en enero, una de las principales causas de esta baja de recaudación del IVA sería el impacto en la recaudación proveniente de Aduana (IVA DGA) de la derogación de la suspensión de los certificados de exclusión de la percepción aduanera del impuesto. Dicho esto, es esperable que en febrero se de uno de los últimos impactos de esta medida de administración tributaria tomada inicialmente en el año 2023. Luego, en el acumulado de los primeros dos meses del año de la suma de estos tributos, la variación interanual real habría sido negativa por 8,1%.

Cuando una fábrica decide traer de afuera lo que antes hacía en casa, no es un dato técnico: es menos turnos, menos horas extra, menos empleo. Es una señal de recesión. En ese contexto, el Estado provincial también siente el impacto. Si la actividad cae, la recaudación se resiente. Y si la Nación recorta y elimina transferencias, el margen se vuelve todavía más estrecho.

Van más de dos años desde que asumió el Presidente Javier Milei con la promesa de ordenar la macroeconomía para que luego llegara el crecimiento. El Congreso le aprobó leyes, delegaciones y reformas profundas. La pregunta es ¿cuánto tiempo más hay que esperar para que la economía real despegue? Porque el empleo no crece si la economía no crece. Y cuando el consumo se retrae y la producción se achica, lo que aumenta es el endeudamiento de las familias. La tarjeta reemplaza al salario.

La reforma laboral fue la salida que presentó el gobierno nacional, pero si la economía sigue sin crecer, no tendrá ningún efecto. La imagen reciente de cientos de jóvenes compitiendo por un trabajo formal no es solo una postal urbana: es la expresión concreta de una economía que no absorbe mano de obra al ritmo que la sociedad necesita. En las últimas horas se hizo viral la extensa fila de personas buscando un empleo en un supermercado posadeño.

En cuanto a la reforma, uno de sus autores, el abogado Julián de Diego, lo señaló claramente: la reforma tiene otros propósitos, pero no el de crear empleo. Sin crecimiento económico y sin demanda no hay manera que se generen puestos de trabajo.

Repensarse

Así como la política, la sociedad también debe auto evaluarse. Muchos trabajadores —incluidos empleados públicos— acompañan el discurso del ajuste general y al mismo tiempo reclaman subas salariales por encima de la inflación. La contradicción es evidente: no se puede reducir de manera drástica el tamaño del Estado y esperar que los ingresos estatales crezcan en paralelo, exigiendo salud, educación, boleto gratuito, vivienda y servicios.

Uno de los aspectos salientes del clima de época es que el trabajador vota contra sus intereses: se piensa que el perjudicado será otro. Que el castigo es para “la casta”, “los ñoquis” o algún hombre de paja que se cree para la ocasión.

Todos los modelos económicos tienen ganadores y perdedores: el de Milei, Caputo y compañía no contempla a las mayorías. Les sobra gente.

Gestionando la escasez

Misiones, por su estructura productiva, siente con más fuerza estos ciclos. Las economías regionales dependen del transporte, del mercado interno, de la obra pública y del crédito. Cuando el engranaje nacional se frena, el golpe se amplifica en la periferia. Por eso se habla de un semestre seco. No por fatalismo, sino por realismo.

En ese escenario, el Gobierno provincial intenta sostener una estrategia distinta: administrar con prudencia y hacer lo posible con herramientas limitadas. En los últimos días se anunció la eliminación de 114 cargos jerárquicos para simplificar la estructura y cuidar recursos. No se trató de un gesto ruidoso sino de una decisión orientada a reducir gastos políticos y optimizar áreas sustantivas. La idea es clara: si los ingresos caen, hay que ordenar puertas adentro antes de pedir esfuerzos afuera.

Al mismo tiempo, se firmaron convenios con el Consejo Federal de Inversiones para canalizar financiamiento productivo y fortalecer infraestructura estratégica. Son 5.500 millones de pesos dirigidos a PyMEs, con foco explícito en sostener y generar empleo. En palabras del propio gobernador, en momentos de dificultad hay que poner los pocos recursos donde más impacto tengan sobre el trabajo.

La lógica es micro antes que declamatoria. Los programas Ahora volvieron a marcar récords de ventas en 2024 y 2025, inyectando casi 100 mil millones de pesos en el mercado local el año pasado. No resuelven la macro, pero sostienen comercio, consumo y empleo. Las inversiones en EFAs antes del inicio de clases, las recorridas por fiestas productivas como la del Té en Campo Viera, la presencia en territorio: son señales de una política que intenta no desentenderse de la crisis.

Hay una corriente que empieza a tomar forma entre referentes del gobierno, entendiendo el momento: bajar el tono, trabajar más y hablar menos. Despolitizar el gesto, cuidar cada peso, reenamorar desde la modestia. En tiempos donde sobran gritos y faltan certezas, la administración callada puede ser un activo. Gobernar como minoría aun estando en mayoría: con prudencia, sin despilfarros y con cercanía.

Nada de esto elimina las tensiones que se avecinan. Cuando faltan recursos, los conflictos aparecen. Los gremios presionan, los empresarios reclaman, la sociedad se impacienta. Pero también es cierto que Misiones parte de una cultura fiscal históricamente austera y de una estructura estatal que no está sobredimensionada en relación con su población.

Un dato que se suele soslayar es la ausencia de deuda pública en divisas por parte de la provincia. Esta semana se conoció que Entre Ríos colocó bonos por 300 millones de dólares a una tasa de casi 10% anual para financiar pasivos principalmente. Un despropósito en toda regla.

Es un ejercicio interesante pensar que dirían los actores que se celebran este tipo de colocaciones si Misiones hiciera algo similar: tomar deuda en dólares a una tasa de dos dígitos para refinanciar pasivos o para gastos corrientes en pesos.

El desafío del semestre será doble. A nivel nacional, que la promesa de crecimiento deje de ser expectativa y se convierta en realidad tangible, algo que parece casi imposible. A nivel provincial, resistir la sequía sin romper el tejido social. En un contexto adverso, la salida no parece estar en más consignas sino en más producción, más inversión y más trabajo.

Porque, al final, la economía no se ordena solo recortando. Se ordena cuando vuelve a crecer. Y crecer, en una provincia como Misiones, significa cuidar el empleo, sostener a quienes producen y no abandonar a quienes dependen del Estado para atravesar la tormenta.

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Una palabra que preocupa: estanflación

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La palabra “estanflación” vuelve a cobrar protagonismo al analizar la economía argentina, reflejando un fenómeno donde los precios continúan subiendo mientras la actividad económica se mantiene estancada. En enero, la inflación mensual alcanzó el 2,9 %, mientras el consumo y la producción siguen en franco retroceso, una señal de que el crecimiento no logra despegar. Economistas liberales como Domingo Cavallo y Carlos Melconian señalan que los desequilibrios en los precios relativos, combinados con la falta de recuperación económica, generan un escenario crítico donde, como advierten, “esté crujiendo todo por la estanflación”. Este cuadro plantea un desafío doble: contener la inflación sin frenar aún más la actividad productiva.

El impacto se siente en todos los niveles. Las fábricas traen productos importados en lugar de producir localmente: menos turnos, menos horas extra, menos empleo. El comercio no vende y los productores no producen. Las familias ven su capacidad de consumo reducida y los créditos se vuelven más caros o inaccesibles. Es un panorama de recesión con inflación, donde cada medida tiene efectos directos sobre el bolsillo y el empleo.

Misiones, por su estructura productiva, sufre con más fuerza estos ciclos. Economías regionales que dependen del transporte, el mercado interno, la obra pública y el crédito sienten el golpe más fuerte. Cuando el engranaje nacional se frena, la caída se amplifica: menor recaudación provincial y mayores restricciones para sostener servicios y salarios.

En ese contexto, el gobierno provincial implementa medidas concretas para resistir la crisis: eliminó 114 cargos jerárquicos para optimizar la estructura y cuidar recursos; firmó convenios con el Consejo Federal de Inversiones por 5.500 millones de pesos destinados a PyMEs; y fortaleció infraestructura estratégica, todo con foco en sostener y generar empleo. La lógica es clara: ordenar puertas adentro antes de pedir esfuerzos afuera.

La provincia también apuesta a políticas microeconómicas que sostienen el consumo y la producción local. Los programas Ahora volvieron a marcar récords en 2024 y 2025, inyectando casi 100 mil millones de pesos en el mercado local. Se hicieron inversiones en EFAs antes del inicio de clases, se recorrieron fiestas productivas como la del Té en Campo Viera y hubo constante presencia en territorio. Son medidas pequeñas pero concretas, que buscan mantener comercio, empleo y producción en medio de la crisis.

A nivel nacional, la inflación se aceleró incluso con un tipo de cambio estable, impulsada por aumentos en alimentos como carne y tomate, y en servicios regulados. La economía se mueve a dos velocidades: el sector primario crece, mientras la mayoría de los demás sectores muestran caídas o desempeños débiles. Esta combinación es la esencia de la estanflación: precios al alza en un marco de estancamiento productivo.

El empleo privado cayó durante todo el segundo semestre de 2025, y el salario real terminó por debajo del año anterior. Los créditos en mora se triplicaron. Empresarios como Camilo Alan denuncian competencia desleal de importaciones y advierten que la inversión realizada queda en riesgo si no se reactiva el consumo. La estanflación “es muy jodida”, afirma, y su experiencia refleja la presión que sufren empresas y familias.

La reforma laboral, impulsada por el gobierno nacional, no alcanza para revertir la situación si la economía sigue sin crecer. La pregunta que se repite es la misma desde hace años: ¿cuánto tiempo más hay que esperar para que la economía real despegue? Porque el empleo no crece si la economía no crece, y cuando el consumo se retrae y la producción se achica, lo que aumenta es el endeudamiento de las familias.

La salida de la estanflación requiere coordinación, prudencia fiscal y políticas concretas que protejan a familias, PyMEs y sectores estratégicos. En tiempos donde sobran gritos y faltan certezas, la administración callada y prudente puede ser un activo. Gobernar con recursos limitados implica cuidar cada peso, sostener empleo y producción, y no abandonar a quienes dependen del Estado para atravesar la tormenta.

Al final, la economía no se ordena solo recortando. Se ordena cuando vuelve a crecer. En una provincia como Misiones, eso significa cuidar el empleo, sostener a quienes producen y garantizar que la sociedad resista un semestre complejo sin romper el tejido social. La estanflación es real, y solo con acciones concretas se puede mitigar su impacto mientras se espera que la economía vuelva a arrancar.