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DeBÍ TiRAR MáS FOToS (o cómo se gobierna cuando no alcanza)

Diseno sin titulo 6

Hay una frase que funciona como confesión íntima y, al mismo tiempo, como diagnóstico de época: DeBÍ TiRAR MáS FOToS. No habla de cámaras ni de nostalgia fácil. Habla de algo más incómodo: de no haber mirado con suficiente atención mientras las cosas pasaban.

Que ese concepto haya llegado al centro de la escena global esta semana, con el reconocimiento máximo de la industria musical a Bad Bunny, no es un dato de color. Es una señal cultural. Y como toda señal cultural, dice mucho más de política de lo que parece.

Porque gobernar, en el fondo, también es una discusión sobre miradas.

En contextos de crecimiento, la política casi que se permite el descuido. Hay margen para el error, para la improvisación, para corregir, incluso para la épica. Pero cuando la economía se achica, el consumo cae y el ajuste se siente en la vida diaria de la gente real, la que anda a pata y en colectivo, ese margen desaparece como candidato que sale tercero el lunes después de unas elecciones. Ahí ya no importa quién grita más fuerte, sino quién entiende mejor lo que está pasando mientras sucede.

Ese es el punto donde muchos dirigentes fracasan: confunden intensidad con comprensión. Creen que reaccionar rápido es gobernar bien. Y no siempre lo es.

DeBÍ TiRAR MáS FOToS no propone volver atrás. Propone algo más sofisticado: asumir que hay momentos que, si no se observan y registran con intención, se pierden. En política pasa lo mismo. Hay decisiones que no hacen ruido, no se llevan likes, pero sostienen. Hay políticas que no se viralizan, ni son aesthetic, pero amortiguan. Y hay gestiones que, en lugar de enamorarse de lo disruptivo, eligen cuidar la paz que da la continuidad.

Misiones viene transitando ese camino hace tiempo. Desde una lógica muchísimo menos atractiva que la del espectáculo nacional: anticipar, ordenar, sostener. En un país acostumbrado a discutirlo todo en términos de shock, esa elección resulta hasta provocadora.

Mientras el discurso dominante romantiza el ajuste como virtud moral y promete que los dueños del mercado, en algún momento indeterminado, van a resolver lo que hoy no resuelven, acá la pregunta es más mundana y más honesta: ¿qué pasa mientras tanto? ¿Quién absorbe el impacto? ¿Quién evita que la caída sea libre? ¿Quién se come las piñas?

Ahí aparece la política real. La que se mete con transporte, con impuestos, con servicios básicos, con consumo cotidiano, con salud, con escuelas, con territorio. No como consigna ideológica, sino como ingeniería social básica: evitar que el daño se vuelva i-rre-ver-si-ble.

Ese tipo de gestión no produce héroes. Produce estabilidad. Y en épocas de inestabilidad estructural, la estabilidad es un activo político subestimado.

Por eso resulta tan irritante para ciertos sectores: porque no ofrece un enemigo claro, ni un colapso espectacular, ni una refundación épica. Es como un matrimonio de años que ofrece algo mucho menos excitante y mucho más difícil.

El paralelo con DeBÍ TiRAR MáS FOToS es más profundo de lo que me dan los limitados recursos con los que cuento para analizar. Pero entiendo que el disco no celebra la nostalgia; la problematiza. Dice: esto valía la pena ser mirado con más atención. En política, la diferencia entre una gestión que resiste y una que se desarma suele estar ahí: en haber entendido qué valía la pena cuidar cuando nadie estaba mirando.

Hoy, mientras buena parte del debate nacional se consume en provocaciones, slogans y gestos para redes, hay provincias y municipios que están jugando otro partido. Uno más silencioso. Más largo. Menos fotogénico. Pero también más resistente al paso del tiempo.

Tal vez dentro de algunos años, cuando se haga el balance fino de esta etapa, muchos digan, en política como en la vida, que debieron mirar mejor lo que estaba pasando. Que debieron registrar más. Que debieron cuidar más.

Otros, en cambio, ya estaban sacando esas fotos. Aunque no salieran en portada.

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GOBERNAR CON SENSIBILIDAD Y SENTIDO COMÚN

Diseno sin titulo 5

En un país donde el gobierno nacional decidió acabar con las pymes y los hogares de la argentina a través del congelamiento de los salarios, la caída del consumo y un ajuste nacional que se siente con crudeza en las familias, la gestión pública vuelve a ser una variable central para amortiguar los golpes de la economía real. Cuando el crecimiento no llega, cuando el salario no alcanza y cuando el mercado no reacciona, lo que queda es la intención de gobernar con sensibilidad, previsibilidad y responsabilidad.

La semana económica estuvo signada por el bochorno de la no implementación de la nueva metodología de la medición de la inflación en el INDEC, con eyección de su titular incluida. Entre el ministro de Economía Luis Caputo y el Jefe de Gabinete Manuel Adorni brindaron versiones contradictorias, pero dejaron en claro que la orden de continuar utilizando una canasta de consumo de hace más de 20 años la dio el presidente Milei y que recién se actualizará cuando la inflación baje a cero.

Es moneda corriente, parte del paisaje cotidiano argentino, el cierre de empresas, los despidos masivos, las suspensiones de trabajadores. No obstante, el gobierno rubricó un acuerdo comercial con los Estados Unidos donde Argentina asume 113 obligaciones y el país del norte solamente 2. Una entrega absoluta que deja al pacto Roca-Runciman como un juego de niños.

Finalmente, otro acuerdo sellado con los Estados Unidos fue el de minerales críticos, entre los que se encuentran recursos como litio, cobalto y tierras raras, insumos fundamentales para la industria tecnológica y energética.

El daño a la credibilidad de las estadísticas públicas puede complicar la relación con el FMI -dado que el organismo exigía la implementación de una nueva canasta de consumo- y ya tuvo repercusiones negativas en el campo financiero. Mientras que los acuerdos con EEUU parecen más a un cobro del salvataje que realizó el Tesoro norteamericano el año pasado que a asociaciones virtuosas para Argentina.

La actividad económica estancada, los magros salarios, el cierre de empresas, jubilaciones miserables no figuran en la agenda gubernamental. Aunque sí hubo tiempo para la creación de un símil Ministerio de la Verdad y Toto Caputo dejó una apreciación sobre la industria textil que habla más de su propia persona que de la situación sectorial cuando dijo “nunca me compré ropa en argentina”.

Es en este contexto que Misiones debe actuar, brindar respuestas y soluciones. Quienes son los rostros visibles de esta tarea son el gobernador Hugo Passalacqua y el intendente de Posadas Leonardo “Lalo” Stelatto. Ambos, junto a otros intendentes de la provincia, sostienen una gestión intensa, cotidiana y territorial, pensada explícitamente para aliviar a la gente en un contexto nacional que no acompaña.

El gobernador Passalacqua aplica la premisa cuidar el bolsillo sin poner en riesgo el equilibrio.  Si fuera un funcionario del gobierno nacional o un ministro habría eliminado hace tiempo el Boleto Estudiantil Misionero, pero la noticia en Misiones es la contraria a la crueldad y la apatía que acostumbra Javier Milei. En las últimas semanas volvió a quedar en evidencia con la apertura de la inscripción al Boleto Estudiantil, garantizado desde el inicio del ciclo lectivo 2026 para todos los niveles educativos. Lo que lo convierte en una política concreta que impacta de lleno en miles de familias que hoy cuentan cada peso para llegar a fin de mes, en donde la Educación y transporte se consideran dos variables sensibles que el gobierno entiende que hay que resolver con previsibilidad, suficiencia y anticipación.

El mismo criterio aparece en la política fiscal. En un escenario donde los impuestos nacionales pesan cada vez más y los ingresos no crecen, Misiones sostiene descuentos de hasta el 35% en el Impuesto Provincial Automotor, bonificaciones por pago anticipado, exenciones para vehículos antiguos y una moratoria con condonación total de intereses. A diferencia de Nación, que sube cada vez más el pago de monotributos (que aplica a un porcentaje enorme de la argentina en todas sus categorías) al igual que la quita de subsidios, suba de la luz, gas y electricidad desde los generadores nacionales, la provincia actúa en pos de un alivio estructural, diseñado bajo parámetros de responsabilidad fiscal, que reconoce al contribuyente cumplidor y ofrece salida a quienes se atrasaron.

A eso se suman los programas Ahora, en todas sus variantes, entre ellas el Gas, una herramienta que cobra especial relevancia en una provincia que no tiene acceso a la red de gas natural. Mientras el precio de la garrafa en el mercado supera ampliamente los valores accesibles, el Estado provincial sigue garantizando recargas a precio bonificado en toda la geografía misionera. En tiempos de ajuste, el acceso a un servicio esencial deja de ser un dato técnico para convertirse en una política social concreta.

En Posadas, la lógica es similar. La gestión de Lalo Stelatto, reconocida durante más de seis años consecutivos entre las mejores del país por distintos estudios y consultoras, sostiene un modelo de cercanía y servicios en un contexto adverso. La ciudad mantiene niveles de actividad turística estables, con crecimiento interanual moderado, una agenda cultural activa y espacios públicos que funcionan como motor económico y social. Todo está sujeto a una planificación urbana, inversión sostenida y gestión eficiente. El municipio también profundiza su presencia en los barrios. Los operativos integrales de salud, los trabajos de prevención contra el dengue, la atención primaria descentralizada y la vacunación en territorio muestran una concepción clara: cuando la economía aprieta, el Estado debe estar más cerca, no más lejos. Esa cercanía no se declama, se practica.

En este contexto, vale una afirmación que atraviesa a toda la política misionera, el misionerismo es previsibilidad, responsabilidad y continuidad. No es un experimento ni una apuesta al vacío. Es un modelo que se sostiene en hechos y resultados visibles, que siguen vigentes y activos.

Ahí están el desendeudamiento provincial y el equilibrio fiscal sostenido, que permiten tomar decisiones sin hipotecar el futuro; el Boleto Estudiantil, que sigue garantizando igualdad de oportunidades; los Programas Ahora, que sostienen consumo y comercio local; la Escuela de Robótica y el sistema educativo misionero que preparan a los jóvenes para un mundo que cambia.
La Costanera de Posadas, que transformó la ciudad y su economía, el fortalecimiento del sistema de salud pública, con hospitales de alta complejidad, el PET para el tratamiento del cáncer y el robot Da Vinci, que colocan a Misiones en estándares médicos de primer nivel. Todo eso es gestión en tiempo presente. Es política pública funcionando mientras la economía nacional ha decidido acabar con la microeconomía de las pymes y hogares, el consumo cae y las promesas abstractas de libertad no se traducen en crecimiento ni en progreso concreto para la mayoría.

En tiempos difíciles, gobernar no es ensayar teorías. Es administrar con sensibilidad, sostener lo que funciona y estar donde el mercado no llega. En Misiones, esa elección está clara.

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“Sin plata en el bolsillo no hay consumo y sin consumo las pymes no sobreviven”, advirtió María Eva Jiménez al criticar el ajuste del Gobierno nacional

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La subsecretaria de PyME y Emprendedurismo de Misiones, María Eva Jiménez, publicó un video en su cuenta de Instagram en el que cuestionó el impacto de las políticas de ajuste del Gobierno nacional en la vida cotidiana de las familias argentinas. En su mensaje, aseguró que el consumo cayó y que cada vez más personas no logran llegar a fin de mes, una situación que, según explicó, afecta con mayor fuerza a la provincia.

“Las políticas de ajuste del Gobierno nacional provocaron una pérdida de los salarios y, por lo tanto, del poder de compra de los argentinos y las argentinas”, sostuvo la funcionaria. En ese sentido, remarcó que la caída del consumo tiene consecuencias directas sobre la economía real, especialmente en las pequeñas y medianas empresas y en los emprendimientos locales.

Jiménez advirtió que el escenario es aún más complejo en Misiones debido a su ubicación geográfica. La provincia tiene más del 90% de su territorio en frontera con Brasil y Paraguay, lo que genera una desventaja estructural frente a países vecinos que aplican políticas comerciales más flexibles para incentivar el consumo.

En ese marco, señaló que Paraguay mantiene políticas comerciales flexibles y que Brasil habilita las denominadas lojas francas en sus ciudades fronterizas, profundizando las asimetrías. “La pregunta es simple: ¿podemos competir con Brasil y Paraguay?”, planteó, al poner en discusión las condiciones actuales en las que opera el comercio misionero.

Estas diferencias, explicó, provocan que gran parte del consumo se desplace hacia el exterior, debilitando el mercado interno. “Sin plata en el bolsillo no hay consumo y sin consumo las pymes y los emprendedores no sobreviven”, afirmó, subrayando el impacto directo de la pérdida del poder adquisitivo sobre el empleo y la producción local.

En paralelo, el Gobierno de Misiones confirmó la prórroga de todos los Programas Ahora hasta el 31 de marzo de 2026. La decisión fue anunciada por el gobernador Hugo Passalacqua y difundida por el ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, y se implementa en conjunto con Banco Macro, Banco Galicia y Tarjeta Naranja, con el objetivo de sostener el consumo, fortalecer la competitividad del comercio local y amortiguar la caída de la demanda en un contexto económico complejo.

Los programas vigentes incluyen Ahora Misiones, Ahora Bienes Durables, Ahora Construcción, Ahora Neumáticos, Ahora Remedios, Ahora Estudiantes, Ahora Mujer, Ahora Viaja por Misiones, Ahora Feria, Ahora Mascotas, Ahora Gastronomía, Ahora Carne y Ahora Góndola Bernardo de Irigoyen. Cada uno ofrece beneficios específicos para los compradores, como reintegros de entre el 5% y el 25%, cuotas sin interés, límites de financiamiento altos y distintos días de vigencia, permitiendo que las familias puedan adquirir productos y servicios esenciales, al mismo tiempo que se incentiva la actividad comercial local.

El video completo puede verse en el Instagram de María Eva Jiménez:
https://www.instagram.com/reel/DUT8VmSEu_C/

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Del PRO al oficialismo: una decisión que expone la crisis de las terceras vías

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La salida de Gustavo Velázquez del PRO y su incorporación al oficialismo provincial reaviva el debate sobre el modelo misionerista, el federalismo real y el impacto de la macroeconomía nacional en las economías regionales.

El escenario político de Misiones volvió a moverse. La decisión de Gustavo Velázquez, excandidato a intendente y concejal por el PRO en Oberá, de abandonar las filas del partido amarillo para incorporarse al oficialismo provincial no es un hecho aislado: es una señal de época. Hace poco hizo lo propio el intendente de Concepción de la Sierra.

Velázquez explicó su pase con una definición que resume el debate de fondo. Reivindicó el modelo misionerista y cuestionó con dureza la política económica nacional del presidente Javier Milei, a la que responsabilizó por la recesión y la caída del consumo. “Si el modelo provincial fuera fallido, Misiones sería una provincia dependiente del empleo público como tantas otras. Acá es el sector privado el que empuja”, afirmó en una nota publicada por Misiones Opina.

El planteo apunta al corazón del conflicto actual: mientras Nación ajusta y recentraliza, Misiones sostiene un esquema propio, con herramientas de alivio para el comercio y la producción. Programas como Ahora Misiones, el Boleto Educativo Misionero o el acompañamiento salarial a través del FOPID aparecen, en este contexto, como un dique de contención frente a una macro, ordenada en los papeles, pero que golpea con una fuerza brutal en el interior.

Velázquez también cuestionó a una oposición que, según señaló, “milita la crisis desde las redes” sin hacerse cargo del origen del problema. En ese contraste, comparó la situación fiscal de la provincia con la de distritos vecinos como Chaco o Corrientes, donde varios municipios enfrentan serias dificultades financieras. Para el dirigente obereño, el Estado provincial cumple hoy un rol de amortiguador frente a políticas nacionales que están “asfixiando” al comercio de cercanía.

La salida de Velázquez vuelve a dejar expuesta la fragilidad, no solamente, del PRO en Misiones, sino de los espacios prêt-à-porter en general. El partido fundado por Mauricio Macri atraviesa una crisis de identidad, atrapado entre la fuga de dirigentes y los intentos de convergencia con La Libertad Avanza.

Aunque referentes locales como Horacio Loreiro y la diputada Analía Labandoczka insisten en preservar la autonomía partidaria, el goteo constante de cuadros territoriales achica cada vez más el margen de maniobra. En la práctica, las terceras vías tradicionales parecen diluirse.

El 2026 encuentra a la provincia ante una polarización clara: un modelo misionerista que, aún con desaciertos, se presenta como pragmático, productivista y con anclaje territorial, frente a una gestión nacional de fuerte sesgo centralista. En ese escenario, los pases políticos no solo reordenan nombres y sellos: funcionan como termómetro de hacia dónde miran quienes realmente caminan el territorio.

Sin estridencias ni consignas, el mensaje de fondo pareciera que termina de consolidarse, aunque pase desapercibido para los players más nuevos. Para muchos actores políticos locales, la Renovación logró reinventarse tras su emblemático concepto: el misionerismo. Ya no estamos frente a un ejercicio de identidad política, sino ante una apuesta de futuro.