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El año se va como llegó: a la deriva

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Ni Misiones ni ninguna provincia está al margen de la macroeconomía (que venía a solucionar todos los problemas y hasta ahora los ha empeorado por acción o por abandono gubernamental). Desde la provincia hay una clara intención de amortiguar el impacto negativo de estas decisiones “macro” para buscarle la vuelta con menos declamación y más cercanía, menos épica, más vida cotidiana. Una gestión que no promete milagros, pero trabaja en resolver pequeñas cosas que, sumadas, mejoran el día a día de la gente.

Después de dos años de recortes y de un severo ajuste nacional, el rumbo provincial se encamina hacia atender las temas pequeños, simples, urgentes y necesarios como por ejemplo los Programas Ahora para sostener compras de clientes y ventas del comerciante, el programa “Mirar Mejor”, el sostenimiento del boleto educativo; la entrega de títulos de propiedad, la salud de primera calidad sin costo para misioneros y no misioneros, la educación de vanguardia en los tres niveles entre otros. No hay grandes obras, pero se intenta compensar con presencia territorial, respuestas a lo necesario y una lógica de gestión que entiende que, en crisis, lo pequeño también es estratégico. La cercanía dejó de ser discurso para transformarse en método.

No debe soslayarse nunca que en dos años de gobierno mileísta las provincias perdieron el fondo del incentivo docente, toda la obra pública nacional y la financiada con fondos de Nación, buena parte del subsidio al transporte y a la luz. Además, en el caso de algunas jurisdicciones, la financiación de las cajas jubilatorias.

Gobernar en tiempos de mezquindad y abandono

En este contexto se inscriben los cambios impulsados por el gobernador Hugo Passalacqua en las segundas líneas del Gobierno, movimientos pensados para inyectar energía, trabajo y frescura en organismos y subsecretarías que necesitaban renovar impulso. Un recambio necesario para volver a hacer brillar áreas clave del Estado provincial con más salida a las calles.
Los cambios —que continuarán en marzo— instalaron una nueva lógica: funcionarios jóvenes, caras limpias, mucha energía y territorio. En tiempos de billeteras flacas, la presencia intenta reemplazar al recurso, donde no hay cheques, hay gestión y donde no hay anuncios rimbombantes, hay acción diaria. La escasez económica producto del ajuste nacional se enfrenta con cercanía política.

Esa renovación generacional tiene varios exponentes:

Uno de ellos es Sebastián Macías, ex presidente de Vialidad Provincial y hoy titular de la Cámara de Representantes, encarna una generación neo misionerista de gestión. Una generación que entiende la administración pública como herramienta, no como botín.

Esa renovación generacional también avanza de la mano de un reordenamiento profundo del Estado, incluyendo las empresas públicas y las SAPEM. Que incluyen menos gastos, menos cargos y menos estructuras. Hay una revisión minuciosa y constante de todas las áreas, con una determinación clara: el que no trabaja, queda afuera. Passalacqua tomó la decisión de que el Estado se achica dónde debe, para sostener lo que realmente importa.

Municipios siguen la misma línea

La Municipalidad y el Concejo Deliberante cerraron el año con señales políticas contundentes. El Concejo aprobó un paquete de normas ordenadoras estratégicas que jerarquizan la calidad institucional: actualización del Digesto Jurídico Municipal 2024/2025 —consolidando más de 1.300 ordenanzas vigentes—, avances en accesibilidad, ambiente, modernización parlamentaria y regulación del transporte. Se destaca la ordenanza del Sistema Integrado de Transporte Urbano y Metropolitano (SITUM), una herramienta clave para ordenar, planificar y mejorar la movilidad en la ciudad. Calidad parlamentaria, reglas claras y mirada de largo plazo.

Todo eso hubiera sido imposible sin consensuar con la gestión del intendente Leonardo Stelatto, una figura que expresa la versión más alta de la política entendida como servicio al vecino, honestidad y transparencia en el manejo de los recursos. Mientras la Nación declama mucho, pero muestra poco sobre hacer las cosas bien, Posadas lo hace desde hace años: ajuste, servicios de calidad y gestión ordenada.

El dato más contundente es el cuidado de los recursos: el presupuesto 2026 reduce en un 30% los fondos asignados al Concejo Deliberante, llevándolo al 5,83% del total municipal, muy por debajo del techo que fija la Carta Orgánica. Antes de la gestión Stelatto, esa incidencia superaba el 10%. Esta reducción se logró con planificación conjunta, consenso político y firmeza para tomar decisiones que la sociedad reclama: menos gasto estatal y más eficiencia. Esa es la gran noticia del cierre del año en la capital misionera.

El orden fiscal y político, la clave para absorber el impacto nacional

En el plano provincial, en medio de una crisis severa que golpea a todas las economías subnacionales, el manejo político maduro de Misiones volvió a marcar diferencia. La provincia pudo pagar aguinaldos sin sobresaltos. El pago del aguinaldo se logró gracias a una convicción estratégica: respaldar el Presupuesto nacional para que la Nación respalde a Misiones. No hubo seguidismo, hubo negociación necesaria para intentar sostener a todos los misioneros.

Misiones tuvo un rol trascendental en ese proceso. Hubo consultas permanentes desde la Nación y una participación activa que ayudó a destrabar escenarios críticos. La tradición innegociable del equilibrio fiscal y de contar con presupuesto —bandera histórica de la provincia que la Nación imitó— no es un capricho, aunque lamentablemente esta vez tuvo un costo muy alto. La Nación entendió después de dos años que es la herramienta de seriedad más valiosa que tiene un Estado.

Al cerrar el año, la síntesis es clara. En tiempos de ajuste brutal y discursos grandilocuentes, Misiones eligió la política de lo cercano y resolver lo pequeño e inmediato. Ordenar el Estado y poner el cuerpo donde falta el dinero y demostrar que, incluso en la crisis, se pueden realizar pequeñas cosas que mejoran la vida de la gente y esa, finalmente, es la meta central de la política.

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Gobernar en la escasez: la política de lo cercano como decisión

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El año se termina con el mismo clima con el que empezó: áspero y marcado por una economía nacional atravesada por el ajuste, la recesión y la escasez. Desde Misiones no desconocemos esa realidad ni la usamos como excusa. Sabemos que ninguna provincia está al margen de la macroeconomía, pero también sabemos que siempre hay margen para decidir cómo gobernamos. Elegimos menos discurso y más cercanía, menos épica y más vida cotidiana. Gobernar hoy es sostener, ordenar y acompañar.

Después de dos años de recortes y de un ajuste nacional severo, nos enfocamos en atender lo pequeño, lo simple y lo urgente. Sostenemos los programas Ahora para cuidar el consumo y al comercio local, fortalecemos el “Mirar Mejor”, garantizamos el boleto educativo, avanzamos con la entrega de títulos de propiedad, defendemos una salud pública de calidad sin costo y promovemos una educación de vanguardia en los tres niveles. No hay grandes obras, pero hay presencia del Estado donde hace falta. En contextos de crisis, lo pequeño también construye estabilidad.

Esta lógica de gestión parte de una convicción política clara: la cercanía no es una consigna, es un método. Estar en el territorio, escuchar, resolver y volver. Donde faltan recursos, multiplicamos la gestión. Donde no hay anuncios rimbombantes, hay acción cotidiana. Esta forma de gobernar nos permite sostener políticas públicas esenciales aun cuando el contexto nacional empuja al achique sin criterio.

En ese camino también expresamos una renovación generacional que aporta energía, mirada de futuro y compromiso con la gestión. Sebastián Macías, expresidente de Vialidad Provincial y actual titular de la Cámara de Representantes, encarna nuestra generación Neo Misionerista que entiende al Estado como herramienta y no como botín. No es un dato menor que haya sido nuestro Renovador que derrotó al libertario Hartfield en las elecciones de junio. Allí también hay una señal política clara sobre el valor de la gestión frente a los discursos extremos.

Esta renovación convive con un reordenamiento profundo del Estado, que incluye empresas públicas y SAPEM. Menos gastos, menos cargos y menos estructuras innecesarias. Hacemos una revisión constante de todas las áreas y tomamos una decisión política firme: el que no trabaja, queda afuera. Sin eufemismos ni excepciones. Nuestro gobernador Hugo Passalacqua resolvió achicar donde corresponde para sostener lo que verdaderamente importa, con equilibrio fiscal y prioridades claras.

En ese marco se inscriben los cambios impulsados por nuestro gobernador en las segundas líneas del Gobierno. La capital misionera avanza en la misma dirección. La Municipalidad y el Concejo Deliberante cerraron el año con decisiones institucionales relevantes: la actualización del Digesto Jurídico Municipal 2024/2025, que consolidó más de 1.300 ordenanzas vigentes, y avances en accesibilidad, ambiente, modernización parlamentaria y regulación del transporte. La ordenanza del Sistema Integrado de Transporte Urbano y Metropolitano (SITUM) es una herramienta central para ordenar y planificar la movilidad urbana, con reglas claras y mirada de largo plazo.

Este proceso fue posible gracias al trabajo articulado con la gestión del intendente Leonardo Stelatto, que expresa nuestra manera de entender la política: servicio al vecino, honestidad y transparencia en el manejo de los recursos. El dato más contundente es el cuidado del dinero público: el presupuesto 2026 reduce en un 30% los fondos del Concejo Deliberante, llevándolos al 5,83% del total municipal, muy por debajo del límite de la Carta Orgánica. Antes de esta gestión, esa incidencia superaba el 10%. Menos gasto político y más eficiencia estatal.

En el plano provincial, aun en un escenario crítico para todas las economías subnacionales, volvimos a mostrar madurez política. El pago de los aguinaldos fue posible gracias a nuestra decisión estratégica: respaldar el Presupuesto nacional para que la Nación respalde a la provincia. No hubo seguidismo, hubo negociación inteligente y resultados concretos. Hubo diálogo permanente, un rol activo de Misiones y gestiones políticas —como las encabezadas por Diego Santilli— que ayudaron a destrabar situaciones complejas y a garantizar previsibilidad. Porque cuando la política deja de gritar y empieza a hacerse cargo, incluso en la escasez, gobernar cerca de la gente no es una consigna: es nuestra decisión y nuestra responsabilidad.

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La tormenta perfecta

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El cierre del 2025 dejó en evidencia el efecto combinado de la política económica nacional sobre dos variables clave de la vida cotidiana: el precio de los combustibles y el nivel de consumo. Mientras las naftas acumularon aumentos superiores al 40% en el año, muy por encima de la inflación, el consumo masivo siguió sin mostrar señales de recuperación. Este escenario se reflejó tanto en los balances en rojo de las grandes empresas alimenticias como en la realidad de provincias como Misiones, donde el fuerte encarecimiento del combustible y la caída de las ventas replicaron la misma dinámica observada a nivel nacional.

En el frente de los combustibles, 2025 estuvo marcado por ajustes constantes que terminaron consolidando una suba acumulada superior al 40%, frente a una inflación estimada en torno al 30%. Solo en diciembre, los precios en surtidor aumentaron más del 4% en promedio en todo el país, profundizando una tendencia que se sostuvo durante todo el año y que impactó de manera directa en los costos de transporte y en los precios finales.

De acuerdo con un informe de Montamat & Asociados, los incrementos respondieron a factores vinculados a decisiones de política económica: el traslado de un tipo de cambio que acumuló una suba del 41%, aumentos del 52% en los impuestos a los combustibles y fuertes ajustes en los biocombustibles, con alzas del 67% en el biodiesel y del 37% en el bioetanol. A esto se sumó la política de precios dinámicos en surtidor, especialmente en YPF, con variaciones según demanda, zona y horario.

Hacia el cierre del año, los precios quedaron incluso por encima de las paridades de importación. En diciembre, la nafta premium se ubicó un 9% por encima de ese nivel en el promedio país, mientras que el gasoil quedó prácticamente en paridad. Este desfasaje derivó en el anuncio de una baja del 2% por parte de YPF, una corrección limitada que la compañía aclaró que se aplicaría de forma gradual y no uniforme.

En paralelo, el consumo masivo continuó sin mostrar una recuperación sostenida y se consolidó como el principal problema para las empresas alimenticias. Pese a ajustes de precios, promociones y recortes de costos, el mercado interno siguió débil, con volúmenes que no acompañaron y márgenes cada vez más ajustados.

Mastellone, dueña de La Serenísima, acumuló a septiembre una pérdida neta de $28.431 millones, afectada principalmente por el impacto financiero de la devaluación. Si bien logró sostener un resultado operativo positivo superior a los $4.100 millones gracias a mejoras de eficiencia, las ventas locales crecieron apenas 0,9% interanual, reflejando la fragilidad del consumo.

Arcor también expuso el deterioro del escenario. En los primeros nueve meses del año, la compañía registró una caída del 74% en sus ganancias y un resultado financiero negativo cercano a los $98.700 millones. En Molinos Río de la Plata, el ajuste fue aún más marcado, con una pérdida neta de $37.403 millones, una caída del 22% en la facturación y un retroceso cercano al 10% en los volúmenes vendidos.

Ledesma completó el cuadro con un cierre sin alivio, al registrar pérdidas netas tanto en el último trimestre como en el acumulado anual. En conjunto, los números de 2025 muestran que la combinación de combustibles en fuerte alza y un consumo que no repunta, bajo el marco de la política económica nacional, terminó condicionando la rentabilidad de las empresas y profundizando un escenario de presión sostenida sobre la economía real, una situación que también se replicó en Misiones.