
En un escenario donde la política suele debatirse en la superficie, la columna de Fernando Oz tiene el mérito de volver a lo esencial: la disputa por el poder real y su legitimidad. Pero no lo hace desde la consigna, sino desde una construcción que combina historia, identidad y estrategia política.
El texto encuentra su columna vertebral en una idea que no es nueva, pero que adquiere actualidad: “El poder está en la gente”. Esa definición, que el ingeniero Carlos Rovira instaló como principio fundacional en 2003, aparece en la nota no como una frase de archivo, sino como una herramienta vigente para interpretar el presente.
Oz no la cita de manera decorativa: la resignifica. La transforma en un eje de lectura para entender por qué, ante el retiro del Estado nacional, la provincia se ve obligada a sostenerse desde su propia cohesión social y política. En ese sentido, la columna logra algo poco frecuente: conectar una doctrina política de hace más de dos décadas con una crisis actual sin que pierda sentido ni potencia.
El segundo gran acierto del texto es la utilización del concepto del Nudo Gordiano. Cuando Oz escribe que no se trata de desatar pacientemente los problemas sino de cortarlos, introduce una idea de decisión política que rompe con la lógica de administración pasiva. No es solo una metáfora: es una definición de método.
En ese punto, la referencia también dialoga con el propio recorrido del oficialismo misionero. La alusión a una “resolución tajante que rompa la parálisis” no solo describe una necesidad coyuntural, sino que plantea un cambio de escala en la acción política: pasar de resistir a intervenir.
Esa transición encuentra su vehículo en el tercer eje fuerte de la columna: Encuentro Misionero. Oz lo define como “la síntesis política necesaria”, y ahí aparece otro nivel de análisis. No se trata solo de un frente electoral, sino de un intento de reconfiguración del espacio político provincial frente a un contexto adverso.
Lo interesante es que el autor no lo presenta como una solución automática, sino como una condición de posibilidad: una herramienta que puede canalizar esa idea de poder popular si logra sostener coherencia entre discurso y práctica. En ese punto, la columna evita el elogio fácil y se mueve en un terreno más exigente.
El uso de la historia vuelve a ser clave en el cierre. La imagen del Monte Sacro —“Hoy nos situamos en ese Monte Sacro de la dignidad”— no solo le da continuidad narrativa al texto, sino que refuerza la idea de que los momentos de crisis también son momentos de redefinición política.
Pero a diferencia de otras lecturas más épicas, Oz introduce un matiz interesante: no hay romanticismo en esa retirada simbólica, sino necesidad. Cuando afirma que la provincia se planta “no por mística, sino por estricta necesidad de no ser borrados del mapa”, baja la discusión al terreno real.
En definitiva, la columna logra articular tres niveles que rara vez conviven con equilibrio:
- una base doctrinaria (Rovira y el poder en la gente),
- una estrategia política (el Nudo Gordiano como decisión),
- y una herramienta coyuntural (Encuentro Misionero como síntesis).
Se puede coincidir o no con su mirada, pero hay algo que resulta evidente: no es un texto que describa la coyuntura, sino que intenta ordenarla y darle sentido. Y en un contexto donde la política muchas veces reacciona más de lo que piensa, ese tipo de intervención no solo enriquece la discusión: la vuelve necesaria.