
Movimiento por lo que Viene ya tiene 18 diputados y es la primera minoría de una Legislatura fragmentada. Pero el verdadero desafío no es ocupar bancas, sino demostrar para qué se construyó la nueva etapa. Passalacqua lo resumió en una frase: “Perdimos y había que hacer una lectura política”. El después llegó. Y el Hay momentos en la política en los que romper resulta inevitable. Y hay otros, mucho más incómodos, en los que después de romper hay que demostrar para qué se rompió. Misiones, parece, llegó a ese segundo momento.
Durante las últimas semanas la política provincial estuvo concentrada en las internas, los bloques, las renuncias, las incorporaciones y las explicaciones sobre quién decidió irse, quién se quedó y quién tuvo el coraje suficiente para hacerlo. Era inevitable. Cuando un esquema de poder que durante dos décadas organizó buena parte de la vida política provincial empieza a desarmarse, primero hay que entender qué quedó en pie. Pero esa discusión, como todas, tiene fecha de vencimiento.
El acto del 17 de agosto en San José funcionó como una frontera. El gobernador, Hugo Passalacqua, puso en palabras aquello que los movimientos políticos de las últimas semanas ya habían dejado claro: el nuevo armado no pretende solamente cambiar una conducción, sino modificar una forma de ejercer el poder. Y ahí, justamente, empieza el verdadero problema. Porque romper es una decisión mientras que construir es un trabajo que demanda esfuerzos que muchas veces son, incluso, insuficientes. La política suele ser generosa con los discursos de ruptura, lo difícil viene después, cuando ya no alcanza con explicar quiénes fueron los responsables de lo que terminó y hay que responder quiénes serán capaces de construir lo que sigue.
Movimiento por lo que Viene tiene ahora ese desafío. No puede convertirse en una estructura organizada alrededor de aquello de lo que se separó. Si el nuevo espacio pasa demasiado tiempo explicando el viejo espacio, terminará condenado a vivir políticamente en el pasado que dice haber dejado atrás. La sociedad, además, probablemente tenga menos interés del que supone la dirigencia en la composición de los bloques, las internas partidarias o las discusiones sobre quién rompió primero. La pregunta del vecino es más sencilla: ¿hay agua?, ¿hay trabajo?, ¿se puede pagar la luz?, ¿se puede producir?, ¿la ruta está transitable?, ¿el productor cobra?, ¿el comercio puede competir con Brasil y Paraguay?, ¿el Estado aparece cuando hace falta? En las respuestas a esas preguntas empieza la verdadera evaluación.
Esta semana aparecieron algunos ejemplos que permiten observar hacia dónde pretende ir la nueva etapa. El reclamo por el costo energético llevado al Norte Grande consiguió que Nación aceptara avanzar en un esquema diferencial para las zonas cálidas y muy cálidas. Todavía falta conocer su instrumentación y, sobre todo, comprobar cuánto terminará impactando realmente en la factura de los usuarios. Por eso conviene no convertir una negociación en una victoria antes de tiempo. Pero hay un dato que sí merece ser registrado: Misiones planteó una desigualdad concreta, logró sumar a otras provincias y consiguió llevar el problema a una mesa nacional. Eso, en definitiva, es política.
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