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Dos de cada tres

Diseno sin titulo 2

En Misiones, la semana pasó de los reacomodamientos a la gestión: Presupuesto, tomógrafo, obra energética, diálogo con productores. En la Nación, Milei anunció reformas al Banco Central y volvió a convertir una decisión en un nuevo show. Una provincia que elige gobernar. Un gobierno que elige actuar. Cuando el espectáculo ocupa el centro de la escena, la gestión suele quedar en el fondo

Por Sergio Fernández

La política misionera pasó las últimas semanas enredada en su propia reconfiguración. Desafiliaciones, el nacimiento del Movimiento por lo que Viene, reordenamiento de dirigentes, un nuevo mapa legislativo. La agenda pública parecía un rompecabezas sin caja. Pero la semana que terminó dejó otra señal. El Gobierno provincial empezó a correr el eje. La conversación dejó de girar exclusivamente alrededor del poder para concentrarse en algo bastante más concreto: la gestión. Y, contra lo que algunos suponen, no es un cambio menor.

El viernes, último día de julio, el Ejecutivo envió el Presupuesto 2027 a la Legislatura, anunció nuevas medidas de alivio fiscal para pequeños contribuyentes, reactivó el programa Ahora Patente, incorporó un tomógrafo de última generación en Eldorado, recorrió una de las obras energéticas más importantes de los últimos años en Garupá, entregó títulos de propiedad, fortaleció el abastecimiento de agua para cientos de familias, abrió una nueva instancia de diálogo con los productores yerbateros y garantizó el pago de salarios con la actualización prevista para los trabajadores estatales. Ninguna de esas decisiones, por sí sola, cambia el rumbo de una provincia. Pero juntas empiezan a dibujar una forma de gobernar que, hasta hace poco, parecía relegada a un segundo plano.

Quizás el gesto más representativo haya sido el envío del Presupuesto para el próximo año. No solamente porque anticipa las prioridades del Gobierno, sino porque sintetiza una determinada mirada sobre el papel del Estado en un escenario nacional cada vez más exigente para las provincias. Al presentar el proyecto, Passalacqua resumió esa idea en una frase sencilla: «Dos de cada tres pesos irán destinados a salud, educación y políticas sociales». No es solamente un dato contable. Es una definición política sobre dónde poner los recursos cuando estos ya no alcanzan para todo. En tiempos donde desde el Gobierno nacional se insiste en discutir cuánto Estado sobra, Misiones eligió discutir dónde hace más falta.

Ese mismo criterio apareció pocas horas después en Eldorado. La incorporación de un tomógrafo de última generación en el Hospital SAMIC no representa únicamente una inversión cercana a los 200 mil dólares. También expresa una determinada idea de federalismo. Acercar un servicio de alta complejidad al norte de la provincia evita que miles de familias deban recorrer cientos de kilómetros hasta Posadas para acceder a un estudio que, muchas veces, no admite demoras. «La salud es todo. Si no tenés salud, no tenés nada», resumió el gobernador. La frase, en boca de otro, podría sonar a slogan. En él, suena a constatación.

Mientras tanto, en Garupá, la recorrida por la nueva estación transformadora permitió mostrar otra dimensión de esa lógica. Passalacqua definió la obra como una infraestructura pensada «no solamente para solucionar una necesidad de hoy, sino también para las futuras generaciones». Puede leerse como una referencia a una obra puntual, o también como una forma de entender la gestión pública: resolver urgencias sin perder de vista el largo plazo. Algo que, en la Argentina, suele ser una rareza.

La misma lógica apareció en la agenda económica. Desde agosto comenzaron a regir nuevas medidas de alivio fiscal mediante la eliminación de retenciones sobre acreditaciones en billeteras virtuales y transferencias bancarias para monotributistas de menor escala. No son medidas que cambien por sí solas la realidad económica de la provincia. Pero sí forman parte de una estrategia que intenta intervenir sobre problemas concretos mientras persisten las dificultades derivadas del contexto nacional.

Algo similar ocurrió con la producción. La reunión mantenida con productores, cooperativas, sindicatos y representantes de toda la cadena yerbatera volvió a poner sobre la mesa una de las principales preocupaciones económicas de Misiones. La crisis del sector sigue siendo el ejemplo más evidente de cómo una decisión tomada desde Buenos Aires puede alterar el funcionamiento de toda una economía regional. Allí tampoco hubo soluciones mágicas para un problema cuya raíz excede las competencias provinciales. Pero sí hubo una posición política clara. «Siempre estoy del lado de aquellos que producen», afirmó Passalacqua antes de ratificar que seguirá reclamando la recuperación de las facultades regulatorias del INYM. «No voy a parar de luchar para que el instituto recupere sus facultades. Acá no hay cuestiones partidarias», agregó. La señal, más allá de las herramientas concretas, fue la de un gobierno que decidió mantener abiertos los canales de diálogo con todos los sectores.

Cuando todas esas decisiones se observan de manera conjunta aparece otro fenómeno que empieza a caracterizar esta etapa. La agenda gubernamental dejó de organizarse exclusivamente por áreas de gobierno para empezar a construirse alrededor de los problemas concretos de los misioneros. Salud, producción, energía, infraestructura, política tributaria, asistencia social o regularización dominial dejaron de ser compartimentos estancos para formar parte de una misma narrativa de gestión.

Naturalmente, nada de esto elimina los desafíos que enfrenta la provincia. La caída de recursos nacionales sigue condicionando las finanzas públicas, muchas actividades económicas continúan atravesando dificultades y las demandas sociales siguen siendo numerosas. La gestión también deberá demostrar con resultados que las prioridades anunciadas logran traducirse en mejoras concretas para la población.

En paralelo, el reordenamiento político continúa. El Movimiento por lo que Viene sigue sumando adhesiones y empieza a consolidarse como la herramienta elegida para expresar esta nueva etapa del oficialismo. También comienzan a observarse señales de mayor cohesión legislativa. De cara a la próxima sesión del Senado, todo indica que los representantes misioneros volverán a priorizar posiciones vinculadas con intereses estratégicos para la provincia, como ocurre con el rechazo al proyecto que flexibiliza la Ley de Tierras Rurales. No se trata solamente de una discusión parlamentaria. También expresa una determinada concepción del federalismo y de la representación política: la idea de que existen temas donde los intereses de Misiones deben ubicarse por encima de cualquier alineamiento circunstancial con el poder central.

La política siempre encuentra tiempo para discutir nombres, candidaturas y liderazgos. Es parte de su naturaleza. Pero los gobiernos terminan siendo recordados por otra cosa: por la capacidad de resolver problemas cuando las circunstancias se vuelven adversas. La reorganización política ya empezó. Ahora comienza una prueba mucho más exigente: demostrar que esa nueva etapa también puede sentirse en la gestión. Porque las sociedades rara vez cambian de opinión por un discurso. Cambian cuando advierten que el Estado funciona mejor. Y cuando eso ocurre, la política, por más ruido que haga, termina siendo lo de menos.

El show debe continuar

Por Sergio Fernández

Hay presidentes que utilizan una conferencia de prensa para explicar una decisión. Javier Milei, en cambio, parece usar la decisión para montar una nueva escena. Volvió a ocurrir esta semana.

El Presidente anunció una serie de reformas vinculadas al funcionamiento del Banco Central. Varias de ellas podrán ser discutidas por economistas, algunas incluso podrían resultar positivas y otras requerirán tiempo para demostrar si cumplen o no con los objetivos planteados. Ese debate técnico existe y merece darse. Pero Milei eligió otro camino.

En lugar de colocar el foco sobre el contenido de las medidas, volvió a construir un espectáculo alrededor del anuncio. Una frase provocadora, una descalificación, un nuevo enemigo. El libreto ya es conocido. Lo importante no parece ser que la sociedad discuta la reforma, sino que siga hablando de él. El show, como en el circo, nunca puede detenerse.

No es un rasgo circunstancial. Es la forma en que construyó su liderazgo. Antes de ser presidente, Milei se convirtió en un personaje público gracias a su capacidad para irrumpir en cualquier debate con declaraciones explosivas. Entendió antes que muchos cómo funciona la lógica de la televisión y, más tarde, la de las redes sociales: en una época dominada por la sobreinformación, quien logra generar escándalo consigue atención. Esa estrategia fue extraordinariamente eficaz para llegar a la Casa Rosada. La pregunta, claro, es si alcanza para gobernar.

Porque un candidato necesita llamar la atención, en cambio un presidente necesita generar certezas. Y allí aparece una diferencia que Milei parece no estar dispuesto a aceptar. La investidura exige administrar conflictos, no producirlos. Explicar decisiones, no taparlas con una nueva controversia. Gobernar implica que las políticas públicas sean más importantes que el personaje. Sin embargo, el personaje sigue ocupando el centro de la escena.

Cada anuncio parece necesitar una pelea. Cada discurso, una frase destinada a viralizarse. Cada semana, un adversario distinto. La política deja de girar alrededor de las decisiones para volver a girar alrededor de la actuación del Presidente. Esa lógica, efectiva para la campaña, empieza a mostrar sus límites en el gobierno.

Lo mismo ocurre con la política exterior. Las recientes declaraciones sobre Brasil volvieron a tensar una relación que debería administrarse con bastante más prudencia. Es cierto que Lula tampoco atraviesa su momento más sólido y que días atrás protagonizó un insólito error histórico al afirmar que Paraguay invadió Brasil y que ese episodio desencadenó la Guerra de la Triple Alianza, una afirmación que provocó un inmediato malestar en Asunción. Pero los errores ajenos nunca justifican los propios. Brasil sigue siendo el principal socio comercial de la Argentina. La relación entre ambos países no puede quedar condicionada por la necesidad de producir una frase efectista o sumar un nuevo capítulo al espectáculo cotidiano.

Porque hay una diferencia sustancial entre un dirigente que busca instalarse en la opinión pública y un jefe de Estado. El primero vive de la confrontación. El segundo debería administrar intereses permanentes. Quizás ese sea el mayor desafío que enfrenta Milei: desprenderse del personaje que lo llevó al poder. Comprender que la lógica del rating no siempre coincide con la lógica del gobierno. Que un presidente no necesita ganar todas las discusiones para ejercer autoridad. Y que la estabilidad de un país depende, muchas veces, de la previsibilidad de quien lo conduce.

Las reformas al Banco Central serán evaluadas por sus resultados. El tiempo dirá si fortalecieron o no la economía argentina. Lo que ya puede evaluarse es otra cosa: la persistente necesidad presidencial de convertir cada decisión en un show. Y todo show, como se sabe, tiene una regla: para mantener la atención del público, la próxima escena siempre debe ser más impactante que la anterior. El problema es que un país no se gobierna desde un escenario. Se gobierna construyendo confianza. Y la confianza, para variar, rara vez nace del espectáculo.

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ALIVIO FISCAL: MISIONES HACE, MIENTRAS NACIÓN SOLO PROMETE

Diseno sin titulo 1

La Argentina cuenta con altos niveles de carga tributaria. En los primeros dos años de gobierno de Milei, la presión tributaria se redujo levemente, si se considera la recaudación como porcentaje del producto bruto interno (PBI). Pero la baja no se produjo por una reforma estructural en el sistema, sino por la decisión de no prorrogar la vigencia del Impuesto PAIS, que se implementó como un impuesto de emergencia y pesaba sobre las operaciones de compra de bienes y servicios en el exterior (un tributo que afectaba a los sectores más acomodados de la Argentina). Así lo consigna un informe del Centro de Estudios Tributarios de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral, que especifíca que la reducción fue ínfima: 0,85 puntos porcentuales.

El estudio expone un rasgo estructural crítico: el sistema tributario argentino es más gravoso que el de sus pares de Latinoamérica y tiene mayores costos de recaudación. Mientras el promedio de América Latina redujo estos costos, Argentina incrementó, alcanzando 1,31 unidades monetarias por cada cien recaudadas un hándicap que lo ubica cerca de países como Dominica (1,78), Antigua y Barbuda (1,56), y Panamá (1,47). Muy lejos de Brasil (0,32), Chile (0,59) y Paraguay (0,61).

Esta combinación de carga y burocracia impacta directamente en el Índice de Performance de Política Tributaria, elaborado por la casa de estudios siguiendo la metodología diseñada por la Fundación Bertelsmann de Alemania: apenas pasó de 4,3 a 4,4.

Está claro que en Argentina la elevada carga tributaria y la complejidad del sistema afectan negativamente la actividad económica y el desarrollo. Un sistema impositivo mal diseñado o excesivamente elevado como el de nuestro país, constituye una barrera para la formalización, la generación de riqueza y el desarrollo económico.

El alto nivel de informalidad que existe hoy en la economía argentina es consecuencia de la elevada presión fiscal, la complejidad del sistema tributario y la falta de incentivos a la formalización. Esto profundiza las desigualdades y debilita la capacidad del Estado para sostener el gasto público: salud, educación, seguridad, obras de infraestructura.

El avance de la informalidad no sólo reduce la recaudación, sino que también termina afectando a los sectores de menores ingresos.

La tributarista Fernanda Laiún señala que la informalidad representa una porción significativa de la actividad económica: “Se estima que la economía en negro está entre un 40% y 50% del total”, afirma. Este fenómeno implica que una gran parte de las operaciones no tributan, lo que reduce los ingresos del Estado y como consecuencia limita su capacidad para financiar servicios esenciales como los enumerados en párrafos anteriores y jubilaciones, entre otros gastos.

La especialista explica que en este contexto la carga impositiva termina siendo más regresiva porque en el caso del 21% del IVA lo pagan todos por igual y eso afecta especialmente a quienes tienen ingresos más bajos.

Frente a este panorama, debemos decir que federalismo fiscal argentino sufre un elevado desequilibrio vertical, producto de la asignación de potestades tributarias y responsabilidades de gastos entre los diferentes niveles de gobierno. Como consecuencia, los gobiernos provinciales no pueden financiar con recursos propios la proporción del gasto de la que son responsables. Para ponerlo en números, la Nación recauda la mayoría de los fondos (alrededor del 74%), mientras que las provincias asumen gran parte del gasto social y de servicios (aproximadamente 35% del gasto público consolidado)

Hagamos un poco de historia, esa brecha en la práctica debería ser compensada a través de un régimen de transferencias cuyo pilar fundamental es la Ley de Coparticipación Federal Nº 23.548 promulgada en enero de 1988 y que tenía un carácter transitorio.

Con la reforma constitucional de 1994, a través del artículo 75 inciso 2 y la cláusula transitoria sexta, se otorgó rango constitucional a la coparticipación federal, exigiendo un nuevo régimen basado en criterios objetivos, equitativos y solidarios, con la creación de un organismo fiscal federal. Aunque la Constitución ordenó sancionar una nueva ley antes de 1996, el mandato sigue incumplido, persistiendo la vieja Ley 23.548 de 1988.

A casi 40 años de la reforma, el federalismo fiscal enfrenta serias dificultades ya que no se ha logrado consenso para acordar un sistema que reemplace a la normativa de 1988, lo que ha generado un sinfín de litigios judiciales y un régimen actual que no cumple totalmente con los nuevos preceptos constitucionales, al tiempo que genera profundas asimetrías y le da al Estado Nacional un poder discrecional en el reparto de fondos que consolida un sistema perverso de apriete y asfixia económica a las provincias.

En virtud de lo dicho hasta aquí, podemos afirmar que hoy nos encontramos con un federalismo desigual, rígido, centralista y poco transparente. Y vamos a explicar por qué: es desigual y rígido porque los coeficientes de reparto que fija la ley 23.548 no cambiaron desde 1988, pero la actividad económica sí. Para que la distribución sea verdaderamente justa, habría que avanzar hacia un esquema flexible, donde los coeficientes respondan a la necesidad y al esfuerzo de las provincias y no a la arbitrariedad de la historia. Es poco transparente porque los ciudadanos no tenemos en claro adónde van a parar los impuestos nacionales. El federalismo fiscal también es centralista y los gobiernos nacionales han fortalecido esta tendencia, tal como mostramos anteriormente: la Nación recauda el 74% de los impuestos que paga cualquier argentino de a pie.

Vayamos a un ejemplo práctico en el caso de Misiones: de una compra de $10.000 en el supermercado, un misionero tiene solamente $200 impuestos provinciales y $1.800 de impuestos nacionales. Pero cuando sale del supermercado se encuentra con un móvil de la Policía de Misiones, si tiene un siniestro va a tener una ambulancia y si tiene hijos van a poder ir a la escuela que sostiene el Gobierno provincial. Ahora es muy difícil saber cuál es el servicio que presta el Estado Nacional por los impuestos que cobra. Por cada $100 que aporta Misiones a la Nación, a la provincia sólo vuelve el 15%.

La coparticipación debe ser más simple, transparente y flexible a los cambios en la economía y a las necesidades de las provincias; y debe ser más justa y más federal para que todos los argentinos tengan acceso a la misma calidad de bienes públicos sin importar en qué provincia nacieron, y para que los gobernadores puedan conducir los destinos de cada territorio con verdaderamente autonomía. Se puso muy de moda, con la excusa de la famosa “batalla cultural” libertaria, decir que los fondos coparticipables sirven para sostener privilegios de los gobiernos provinciales. Absolutamente falso: los fondos coparticipables corresponden a los habitantes de cada provincia y los gobiernos locales, que fueron elegidos por el voto popular, son los encargados de gestionarlos en pos del bien común.

El plan de alivio fiscal más importante de la historia de Misiones

El gran caballo de batalla para la construcción narrativa de un vasto sector de la oposición, oportunista y miserable por cierto, fue la vulgarmente llamada “aduana paralela”. Un recurso argumentativo que, en términos discursivos, rindió muy bien a los enemigos del modelo impulsado por el Misionerismo. “Todo sale más caro en Misiones por culpa de la ‘aduana paralela’ ”, lograron instalar en los empresarios más encumbrados, en los asalariados del sector público cuyo aumentos de sueldos dependen de lo que recauda la provincia, en los productores primarios que están excluidos del pago de Ingresos Brutos, en los cuentapropistas que manejan un Uber o pedalean con una mochila de Pedidos Ya y en cuanto sector social se nos ocurra.

Los mismos que se encargaron de instalar el concepto de “aduana paralela”, son los mismos que miran para otro lado cuando se da la discusión en torno al “costo argentino”. Difícilmente un libertario reconozca en público el ancla que significa para el desarrollo productivo tener un IVA del 21%; cargas sociales por encima del sueldo bruto del trabajador que en términos porcentuales representar entre un 18 y 24% más, y un 35% en concepto de Impuesto a las Ganancias. Decimos en público, porque en privado lo reconocen. Es más, acompañado de una sonrisa burlona afirman que “es el precio de la libertad”.

El 1° de mayo en la apertura de sesiones ordinarias del Parlamento Misionero, el gobernador Passalacqua anunció una medida que retumbó fuertísimo en Buenos Aires y que dejó aturdida a una oposición que vio como se hizo trizas el principal recurso discursivo que tenían para confrontar con el oficialismo. “No habrá más cobro de ningún tipo en los puestos de control de acceso a Misiones, quedando los mismos únicamente para verificación de documentación”, afirmó el mandatario misionero.

En términos concretos, la disposición alcanza a 16.000 pequeños y medianos contribuyentes sobre un total de 17.300 registrados, es decir el 95% del padrón queda excluído de ese pago a cuenta.

La medida se enmarca dentro del plan de alivio fiscal más importante de la historia de Misiones. En ese sentido, la Provincia impulsa la ampliación del régimen de proveedores, que corrige superposiciones impositivas para más de 4.900 empresas.

Por si fuera poco, desde el 1° de agosto Misiones deja de aplicar retenciones automáticas sobre transferencias bancarias, pagos con tarjeta y operaciones realizadas mediante billeteras virtuales. Esta reciente medida implementada a través de la Resolución General N°11/2026 de la Agencia Tributaria de Misiones beneficiará a pequeños monotributistas que cumplan con los requisitos establecidos y busca adaptar el sistema tributario con el crecimiento de los medios de pago digitales.

Misiones escuchó el reclamo de la gente y cumplió con su parte. Ahora surge una pregunta: ¿y la Nación que hace por los misioneros?. Si la verdadera intención es aliviarle a la gente de cargas impositivas y hacerle la vida menos costosa, podríamos empezar a discutir un verdadera reforma tributaria integral en donde provincias como Misiones que tienen más del 90% de los límites internacionales y padecen de las asimetrías propias de las zonas de frontera, puedan contar con un IVA del 10,5% como tiene Paraguay o una tarifa eléctrica subsidiada para la actividad industrial como tiene Brasil. Pero la discusión debe darse dejando de lado las mezquindades y las ambiciones políticas, porque cuando se lanzan al aire eslóganes y promesas pensando en la próxima elección, se le está faltando el respeto a la gente y jugando con sus necesidades.

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PASSALACQUA SUPERVISÓ EL AVANCE DE LA NUEVA ESTACIÓN TRANSFORMADORA DE GARUPÁ, UNA OBRA CLAVE PARA EL ABASTECIMIENTO ELÉCTRICO DE LA REGIÓN

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La obra, financiada íntegramente con recursos provinciales a través de Energía de Misiones, registra un 95% de avance y permitirá cuadruplicar la potencia eléctrica disponible para Garupá, Candelaria y localidades de la zona sur de Misiones, acompañando el crecimiento de la demanda y mejorando la calidad del servicio.

GARUPÁ, JUEVES 30 DE JULIO DE 2026. Esta tarde, el gobernador Hugo Passalacqua recorrió la nueva Estación Transformadora de Garupá (132/33/13,2 kV), una obra estratégica que el Gobierno de Misiones ejecuta con financiamiento propio a través de Energía de Misiones y que ya registra un 95 % de avance. La infraestructura fue diseñada para cuadruplicar la potencia eléctrica disponible en el sur de la provincia, especialmente para las localidades de Garupá y Candelaria, fortaleciendo además el abastecimiento de otras zonas mediante nuevas líneas de distribución.

Durante la recorrida, Passalacqua agradeció el compromiso y el trabajo de los operarios y técnicos que participan en la obra y destacó: “Es una obra fundamental porque no fue pensada solo para solucionar una necesidad de hoy, sino también para el mañana, para las futuras generaciones”.

La estación ya cuenta con el montaje completo del transformador principal de 44 MVA, su diseño prevé la incorporación futura de un segundo equipo de igual capacidad, lo que permitirá elevar la potencia total hasta 88 MVA. De esta manera, el sistema contará con la capacidad necesaria para abastecer la demanda eléctrica de la región durante las próximas décadas, reduciendo el riesgo de sobrecargas y cortes que hoy se presentan, principalmente, en los períodos de mayor consumo.

La nueva Estación Transformadora recibirá energía en alta tensión (132 kV) desde la Estación San Isidro y la distribuirá a través de dos nuevas líneas de 33 kV. Una abastecerá la zona de La Eugenia y Parada Leis, sobre la Ruta Nacional 105, mientras que la otra llegará a Candelaria, Profundidad y Fachinal por la Ruta Nacional 12. En el caso de Candelaria, la nueva línea será de uso exclusivo para la localidad y de menor extensión que la actual, lo que permitirá reducir significativamente las fallas que suelen registrarse durante el verano.

Asimismo, desde la estación partirán ocho nuevas líneas de 13,2 kV, montadas sobre postes de hormigón, que abastecerán a todos los barrios y al casco urbano de Garupá, mejorando la calidad y confiabilidad del suministro eléctrico.

Durante la recorrida, los equipos técnicos explicaron que la obra permitirá acompañar el crecimiento demográfico, urbano, comercial e industrial de la zona, aportando mayor estabilidad al sistema y disminuyendo la cantidad de interrupciones del servicio, ya que la infraestructura actualmente en funcionamiento resulta insuficiente para responder a la demanda en los momentos de mayor consumo.

El gobernador recorrió la obra junto al intendente de Garupá, Luis Ripoll; el presidente de Energía de Misiones, Julio Barreto; operarios y técnicos de Energía de Misiones, vecinos y vecinas.

UNA RESPUESTA A UNA DEMANDA HISTÓRICA

Actualmente Garupá recibe energía desde dos subestaciones que cuentan con transformadores de 8,5 MVA y 2,5 MVA, una capacidad que resulta insuficiente durante los picos de consumo estival. En tanto, Candelaria depende de una línea de 33 kV que ya cumplió su vida útil y que además abastece a otras subestaciones de la zona.

Con la puesta en funcionamiento de la nueva Estación Transformadora se incorporará una infraestructura moderna que permitirá acompañar el crecimiento sostenido de Garupá y de toda el área de influencia, garantizando mayor potencia, mejor calidad del servicio y mejores condiciones para el desarrollo de nuevos barrios, industrias y comercios.

Durante la recorrida, el presidente de Energía de Misiones, Julio Barreto, destacó que “es una gran inversión del Gobierno de la provincia a través de Energía de Misiones que va a permitir solucionar un problema energético que afectó durante mucho tiempo a esta zona”.

Además, señaló que “las obras están al 95 % de avance y falta muy poco para poder inaugurar esta estación transformadora, que garantizará el abastecimiento energético para toda la región”.

Finalmente, remarcó que la infraestructura “va a abastecer desde Garupá hasta Candelaria y toda la región a través de distintas subestaciones, permitiendo no solo mejorar la calidad del servicio, sino también contar con la potencia necesaria para acompañar el crecimiento de toda la zona”.