Categorías
Uncategorized

La tormenta perfecta

Diseno sin titulo 10

Primero el DNU 70 dejó a los productores yerbateros sin precio de referencia. Ahora el proyecto de reforma de tierras flexibiliza la compra de campos por parte de capitales extranjeros. Dos medidas que, por separado, ya son un problema. Juntas, dibujan una pesadilla, otra más, para el interior productivo.

Por Sergio Fernández

Hay fenómenos que, por separado, ya son un problema. Pero cuando ocurren al mismo tiempo, dejan de ser una suma de preocupaciones para convertirse en algo mucho más difícil de controlar. Los meteorólogos lo llaman «tormenta perfecta». En política también sucede. Y pocas veces esa imagen resulta tan apropiada como para describir lo que hoy ocurre con la producción misionera.

No se trata de una única decisión. Se trata de una secuencia.

Primero llegó el DNU 70/ 2023. Entre cientos de artículos, una modificación pasó casi inadvertida para gran parte del país, pero cambió por completo el funcionamiento del mercado yerbatero. La desregulación impulsada por Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado (uno no se cansa de mencionar lo irracional que suena un ministerio con semejante nombre) dejó al Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) sin una de sus principales herramientas: la posibilidad de fijar un precio de referencia para la hoja verde. La teoría era conocida: el mercado, sin intervención del Estado, encontraría su propio equilibrio. La práctica, claro, mostró otra cosa.

Los productores comenzaron a recibir valores cada vez más bajos, muy lejos de cubrir sus costos. Las protestas se multiplicaron. La cadena productiva entró en tensión. Y una actividad que sostiene a miles de familias quedó librada a una negociación profundamente desigual entre quienes producen y quienes concentran la capacidad de compra. Dicho de otro modo: los que ponen el cuerpo, otra vez, perdiendo.

Lejos de corregir ese rumbo, el mismo funcionario vuelve a aparecer ahora con otra iniciativa que también impacta de lleno sobre el interior productivo del país. El proyecto de reforma que impulsa contempla, entre otros puntos, cambios en el régimen de tierras rurales y flexibiliza las restricciones para que ciudadanos o capitales extranjeros puedan adquirir campos en la Argentina.

Cada discusión, tomada por separado, puede admitir posiciones distintas. Pero juntas cuentan otra historia. Primero se debilitó al productor. Después se debilitó su capacidad de negociación. Y ahora se propone modificar las reglas sobre la propiedad de uno de los recursos más estratégicos que tiene cualquier país: la tierra. No hace falta estar en contra de la propiedad privada para advertir que ambas discusiones pertenecen al mismo modelo económico.

De hecho, el propio misionerismo viene sosteniendo una posición que marca esa diferencia. La defensa de la propiedad privada forma parte de una concepción institucional que nadie discute. Pero otra cosa muy distinta es aceptar que las tierras rurales, especialmente en provincias de frontera como Misiones, queden sujetas a una lógica exclusivamente comercial. La tierra no es un bien cualquiera. Es producción. Es alimento. Es trabajo. Es arraigo. Y en una provincia como Misiones, también es soberanía.

No es casual que los representantes misioneros anticipen que acompañarán los artículos vinculados a la protección de la propiedad privada, pero votarán en contra del capítulo referido a las tierras rurales. No se trata de una abstención para evitar el costo político. Es una decisión explícita que busca diferenciar dos debates que el Gobierno nacional pretende presentar como si fueran uno solo. Porque no lo son.

La Argentina tiene una larga historia de concentración económica. Y buena parte de esa historia comenzó cuando los pequeños productores fueron perdiendo capacidad para competir. En Misiones esa realidad se conoce demasiado bien. La yerba mate, el té, la forestoindustria y buena parte de las economías regionales dependen de miles de productores que viven y trabajan sobre esas tierras. Si el mercado ya los dejó en una situación de mayor vulnerabilidad, resulta razonable preguntarse quién tendrá más posibilidades de adquirir esos campos si las reglas vuelven a modificarse.

La discusión, entonces, deja de ser jurídica. Pasa a ser política. Y también estratégica. ¿Qué modelo de desarrollo pretende construir la Argentina? ¿Uno donde la tierra sea considerada simplemente un activo financiero o uno donde siga siendo la base sobre la cual se sostiene buena parte de la producción nacional?

Hay una contradicción que el Gobierno de los hermanos Karina y Javier Milei todavía no logra explicar. Prometió liberar las fuerzas del mercado para que todos pudieran crecer. Sin embargo, las primeras consecuencias de esa libertad irrestricta las están pagando justamente quienes menos espalda tienen para soportarla. El productor chico vende más barato. El consumidor paga más caro. Y ahora aparece una iniciativa que vuelve a colocar a la tierra en el centro del debate. Como si el libreto estuviera escrito en otro idioma.

Las tormentas perfectas rara vez se anuncian con un único trueno. Empiezan con señales dispersas que, vistas por separado, parecen manejables. El problema aparece cuando alguien entiende demasiado tarde que todas esas nubes pertenecían al mismo cielo. Y que, mientras tanto, los productores ya se quedaron sin paraguas.

Categorías
Uncategorized

La política después de la política

Diseno sin titulo 1 6

Tras el reordenamiento político, el Gobierno provincial comienza a mostrar un cambio más profundo: una nueva forma de gestionar, con mayor protagonismo del territorio, menos centralidad administrativa y un Estado que busca responder con más eficiencia a las demandas de los misioneros.

Por Sergio Fernández

«Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.» La frase de El Gatopardo suele usarse para describir una política que cambia de maquillaje para que, en el fondo, nada cambie. Durante décadas sirvió para explicar gobiernos que reemplazaban nombres, repartían cargos y reacomodaban piezas sin alterar el funcionamiento del poder. Lo que empieza a verse en Misiones, en cambio, parece recorrer el camino inverso.

Los movimientos de las últimas semanas no apuntan solamente a reorganizar un espacio político. Buscan reorganizar la forma de gobernar. Y esa diferencia, aunque parezca sutil, merece ser observada. Porque la política siempre mira el calendario, pero la gestión no puede darse ese lujo.

Después de un período marcado por la redefinición de liderazgos y el reordenamiento del oficialismo, el eje parece haberse desplazado. La discusión dejó de girar exclusivamente sobre quién ocupa cada lugar para empezar a concentrarse en cómo hacer que el Estado funcione mejor. Una cosa es reorganizar el poder. Otra muy distinta es reorganizar el Estado.

La reestructuración del gabinete anunciada esta semana difícilmente pueda entenderse como un simple cambio de nombres. Reducir ministerios, fusionar áreas e integrar organismos bajo una misma conducción responde a una lógica que Hugo Passalacqua viene insinuando desde hace meses: menos compartimentos estancos y más coordinación entre quienes tienen la responsabilidad de gestionar. Dicho de otro modo: que los ministros no trabajen como islas.

También hay una señal política en los nombres elegidos. La incorporación de Julio Barreto y Matías Vilchez, dos que hasta hace unos días gestionaban sus municipios desde el sillón de intendente, precedida semanas atrás por la llegada de Carlos «Kako» Sartori a la coordinación del gabinete, parece responder a un mismo criterio. No se buscó solamente dirigentes con volumen político. Se convocó a personas acostumbradas a administrar, convivir con presupuestos ajustados y resolver problemas concretos. Un intendente sabe que los vecinos no preguntan por organigramas ni por competencias administrativas. Preguntan cuándo se arregla el camino, cuándo vuelve el agua, cuándo llega el médico o cuándo se destraba un expediente. Esa experiencia cotidiana, al parecer, empezó a cotizar distinto.

La misma lógica volvió a verse pocos días después en San Ignacio. La cuarta reunión del gabinete con casi cuarenta intendentes fue bastante más que una actividad institucional. Ratificó un método de trabajo que empieza a consolidarse. Durante años, buena parte de la administración provincial funcionó con una fuerte centralidad en Posadas. Hoy la apuesta es distinta: que sean los ministros quienes recorran los municipios, escuchen directamente a los jefes comunales y construyan soluciones sobre el territorio.

Passalacqua definió a los intendentes como «el vehículo para llegar al millón y medio de misioneros». No fue solamente una frase política sino que define un modelo de gestión donde los municipios dejan de ser ejecutores para transformarse en socios permanentes de la administración provincial. Eso explica por qué la experiencia territorial comienza a convertirse en un criterio de gobierno y no únicamente en un capital electoral.

La semana dejó otras señales que acompañan esa misma dirección. Mientras buena parte de las provincias sigue administrando la incertidumbre provocada por la caída de recursos nacionales, Misiones volvió a anunciar aumentos salariales para docentes, fuerzas de seguridad, jubilados y retirados, además de mantener abiertas las mesas de negociación con otros sectores de la administración pública. Los gremios, claro, seguirán reclamando porque esa es su función. Pero existe una diferencia importante entre discutir si un aumento alcanza y no tener absolutamente nada para discutir. La previsibilidad también forma parte de una forma de gobernar.

Lo mismo ocurre con la obra pública. Mientras el Gobierno nacional decidió retirarse prácticamente por completo de ese terreno, la Provincia continúa construyendo viviendas, sostiene proyectos con recursos propios y busca financiamiento internacional para recuperar obras paralizadas. No se trata solamente de ladrillos. Cada obra moviliza empleo, proveedores y actividad económica en un contexto donde la inversión pública nacional prácticamente desapareció.

La decisión de aliviar la carga tributaria sobre el ingreso de mercaderías también puede leerse desde esa perspectiva. Reducir tiempos, simplificar procedimientos y mejorar la competitividad no son anuncios espectaculares. Son decisiones administrativas que terminan teniendo impacto sobre quienes producen y trabajan. Incluso aparecen señales de esa búsqueda en áreas que rara vez ocupan los titulares: la planificación frente a un eventual fenómeno de El Niño, la coordinación para prevenir incendios forestales o el programa de conservación del mono carayá rojo responden a una misma lógica: anticiparse antes que improvisar.

Ninguna de esas medidas, por sí sola, resolverá los problemas que enfrenta Misiones. La economía sigue condicionada por un escenario nacional complejo. La caída de los recursos obliga a administrar prioridades y muchas demandas sociales continúan esperando respuestas. Reorganizar un gabinete tampoco garantiza automáticamente una gestión más eficiente. Pero sí empieza a delinear un cambio de estilo.

Durante mucho tiempo, buena parte del análisis político sobre Misiones estuvo dominado por las internas, los liderazgos y las especulaciones electorales. Hoy el oficialismo parece intentar desplazar esa conversación hacia otro lugar: que el debate deje de ser solamente quién conduce para empezar a discutir quién resuelve. Los liderazgos se construyen con política. La legitimidad, con el tiempo, se sostiene con gestión.

Los ministerios pueden cambiar de nombre. Los organigramas pueden simplificarse. Incluso pueden renovarse equipos completos. Nada de eso garantiza mejores resultados. Lo único que termina legitimando una nueva etapa es que la gente advierta que el Estado llega antes, responde más rápido y resuelve mejor. Porque los gobiernos no inauguran una etapa cuando anuncian cambios. La inauguran cuando esos cambios empiezan a sentirse en la vida cotidiana. Y eso, para variar, no se decreta. Se construye.

Categorías
Uncategorized

Construí Tu Futuro: la iniciativa de Fernando Meza para escuchar a los vecinos desde el corazón de los barrios

Diseno sin titulo 2 4

El Ministerio de Desarrollo Social, la Mujer y la Juventud llevó adelante la segunda semana de operativos territoriales de Construí Tu Futuro, una iniciativa impulsada por el ministro Fernando Meza para acercar servicios, controles y prestaciones a vecinos y familias de distintos puntos de la provincia.

“Construí Tu Futuro permite que las familias encuentren en un mismo lugar, múltiples servicios y respuestas concretas para distintas necesidades. En esta semana logramos realizar diez operativos en cinco días, con equipos trabajando de manera simultánea y llegando tanto a Posadas como a municipios del interior”, destacó Meza.

Durante los últimos cinco días se desarrollaron diez operativos simultáneos en Santo Pipó, Leandro N. Alem, Garupá, Oberá y la ciudad de Posadas. En total fueron atendidos 800 pacientes, de los cuales 712 necesitaron corrección visual y recibieron sus anteojos en el momento.

Los resultados representan una cobertura de recetado del 89,1 %, mientras que 87 personas, equivalentes al 10,9 % de los pacientes evaluados, no presentaron afecciones visuales.

Del total de anteojos entregados, 353 correspondieron a los operativos realizados en los municipios del interior, lo que representa el 49,6 %. En Posadas, entre el 22 y el 24 de julio, las dos unidades móviles trabajaron en paralelo y concretaron la entrega de 360 anteojos, el 50,4 % del total semanal.

Además de los controles oftalmológicos, durante las jornadas se brindaron controles de peso, talla, presión arterial y signos vitales; vacunación; consultas médicas; enfermería; asesoramiento nutricional; atención inicial en salud mental y servicios de farmacia.

También se realizaron trámites y actualizaciones de DNI a través del Registro Provincial de las Personas, desparasitación y vacunación antirrábica para mascotas, inscripciones al programa Centros de Familia y capacitaciones de la Universidad Popular de Misiones y de Agricultura Familiar.

“La entrega de los anteojos en el momento no solamente resuelve una necesidad de salud visual, sino que también genera una mejora inmediata en la vida cotidiana, especialmente en los niños y jóvenes que necesitan ver mejor para estudiar y desarrollarse”, agregó el ministro.

Los operativos se concretan mediante un trabajo articulado entre organismos provinciales y nacionales por medio del Ministerio de Capital Humano a través del Programa “Ver Para Ser Libres”, con el objetivo de facilitar el acceso a servicios y acercar prestaciones a las comunidades.

La próxima jornada de Construí Tu Futuro se realizará el lunes 27 de julio, en el barrio Néstor Kirchner de Posadas, en la Escuela Primaria N.º 934 y la Escuela para Adultos N.º 84.

Desde el Ministerio señalaron que la iniciativa continuará recorriendo diferentes puntos de Misiones, fortaleciendo una política territorial basada en la cercanía, la articulación y la respuesta directa a las necesidades de las familias.