Desde este martes rigen las nuevas tarifas del Sistema Integrado de Transporte Metropolitano (SITUM) para los servicios urbanos e interurbanos de Posadas, Garupá y Candelaria. La actualización fue oficializada mediante su publicación en el Boletín Oficial de Misiones.
El nuevo cuadro tarifario del Sistema Integrado de Transporte Metropolitano (SITUM) ya está en vigencia para los servicios de Posadas, Garupá y Candelaria, luego de ser aprobado por la Comisión Ejecutiva Coordinadora del SITUM y la Subsecretaría de Transporte, Puertos, Aeropuertos y Redes de Comunicación.
En Posadas, el boleto urbano pasó a costar $1.560 para quienes abonen con tarjeta SUBE o aplicaciones habilitadas, mientras que el valor asciende a $2.000 para quienes pagan sin el sistema electrónico.
En Garupá y Candelaria, la tarifa urbana quedó fijada en $1.670 con pago electrónico y en $2.300 para los usuarios que abonen en efectivo o sin SUBE.
Nuevas tarifas interurbanas
En los recorridos interurbanos, el trayecto Posadas-Garupá tiene un valor de $2.040 con tarjeta y de $2.800 sin el sistema electrónico.
Para el recorrido Posadas-Candelaria, el boleto cuesta $2.380 con SUBE o Subí Misionero y $3.100 para quienes no utilicen esos medios de pago.
En tanto, el tramo Garupá-Candelaria pasó a valer $2.040 con pago electrónico y $2.800 sin él.
Desde el Gobierno de Misiones señalaron que la actualización tarifaria responde al incremento de los costos operativos del servicio, debido al impacto de la inflación sobre combustibles, salarios, insumos y otros gastos vinculados al funcionamiento del transporte público.
El gobernador Hugo Passalacqua oficializó una inédita reorganización de la estructura estatal de Misiones que modificará el funcionamiento de áreas estratégicas vinculadas a la producción, la energía y el ambiente. A partir del 1 de agosto, Agricultura Familiar, Energía y Cambio Climático dejarán de operar como estructuras independientes y pasarán a integrarse a los ministerios del Agro y de Hacienda.
La decisión fue formalizada mediante el Decreto N° 1317, publicado en el Boletín Oficial provincial. La medida forma parte de un proceso de reordenamiento institucional impulsado por el Ejecutivo misionero, con el objetivo de concentrar funciones afines y fortalecer la coordinación entre organismos del Estado.
En el área productiva, la Secretaría de Estado de Agricultura Familiar será incorporada al Ministerio del Agro y la Producción. Desde entonces funcionará como una subsecretaría dentro de la cartera, manteniendo su trabajo con productores y agricultores familiares, pero bajo una estructura administrativa unificada.
La reforma también alcanza al sector energético y ambiental. Las actuales Secretarías de Energía y de Cambio Climático pasarán a depender del Ministerio de Hacienda, donde se integrarán como subsecretarías. El nuevo esquema reunirá en una misma órbita las políticas vinculadas a infraestructura energética, sustentabilidad y créditos de carbono.
Otro de los cambios establecidos en el decreto dispone que Biofábrica Misiones S.A. y MISIO-PHARMA S.E. queden bajo dependencia funcional del Ministerio del Agro y la Producción. La medida apunta a consolidar en una sola cartera organismos vinculados al desarrollo tecnológico, científico y productivo de la provincia.
Además, el Ejecutivo fijó un plazo de 60 días para adecuar la nueva estructura y definir las competencias de los cargos incorporados. Con estas modificaciones, la Provincia avanza en una reorganización administrativa que concentra áreas estratégicas y busca dotar de mayor articulación a la gestión pública.
Nuevos nombramientos en el Gabinete
La reestructuración también vino acompañada de modificaciones en distintos organismos del Estado. Por instrucción del gobernador, Julio César Barreto asumirá la presidencia del directorio de Energía de Misiones. Al mismo tiempo, quedaron sin efecto los mandatos de Virginia Kluka y Emiliano Ciz como integrantes de la conducción de la empresa.
Además, mediante el Decreto N° 1319, el Gobierno designó a Matías Vilchez como nuevo ministro de Acción Cooperativa, Mutual, Comercio e Integración, en reemplazo de Liliana Mabel Rodríguez. A su vez, Juan Carlos Balsari fue nombrado director de Infraestructura de la Dirección General de Arquitectura, mientras que Héctor Rubén Chesani asumirá la conducción de la Agencia Tributaria Misiones (ATM), ocupando el cargo que deja Belén Gregori. Con este paquete de medidas, la gestión de Passalacqua avanza en una de las reconfiguraciones administrativas más importantes de los últimos años dentro del Estado provincial.
En Misiones, la política se construye en el territorio: intendentes, ministros y una gestión que no espera que los problemas lleguen a Posadas. En el mundo, una bandera hecha sobre una sábana de hotel logró más que la Cancillería. Dos ejemplos de que lo importante no siempre pasa por los despachos. Aunque a algunos les cueste entenderlo.
Por Sergio Fernández
Hay una escena permanente en Cien años de soledad. Mientras el poder discute sus propias urgencias, la verdadera vida ocurre en otro lado. En Macondo las transformaciones importantes nunca empezaban en los escritorios ni en los salones donde se repartían los cargos. Empezaban en la calle, en las casas, en los oficios, en la gente común. García Márquez entendía que los pueblos tienen un ritmo propio y que muchas veces la política llega tarde para descubrirlo.
Durante mucho tiempo se instaló una idea casi naturalizada: que Misiones se explicaba desde Posadas. Como si todo lo importante ocurriera allí y el resto de la provincia fuera apenas un escenario secundario. Es una mirada injusta. No porque la capital no tenga un rol central —lo tiene y seguirá teniéndolo—, sino porque una provincia no se construye únicamente desde donde están los ministerios. También se construye donde se produce, donde se enseña, donde se emprende y donde todos los días alguien abre un comercio, trabaja la tierra o simplemente espera una respuesta del Estado.
Ese parece ser uno de los cambios más interesantes que empieza a mostrar esta etapa de la gestión provincial. No hace demasiado ruido. Tampoco se anuncia con grandes consignas. Se advierte en una forma distinta de gobernar.
Las recorridas permanentes de Hugo Passalacqua por distintos municipios, los gabinetes itinerantes y la decisión de que sean los ministros quienes se trasladen para escuchar de primera mano a los intendentes hablan de una misma concepción: acercar el Estado a los lugares donde los problemas ocurren y no esperar que todo termine resolviéndose en una oficina de la capital. Suena obvio, pero no lo es. Gobernar desde el escritorio siempre fue más cómodo. Y la comodidad, en política, suele ser el principio del deterioro.
No se trata de enfrentar a Posadas con el resto de la provincia. Esa sería una discusión artificial. La capital seguirá siendo el centro administrativo, económico e institucional de Misiones. Pero gobernar una provincia implica mucho más que administrar la capital. Implica comprender que una obra de agua en Almafuerte, un camino rural en San Pedro, una escuela en Bernardo de Irigoyen o una cooperativa en Andresito tienen el mismo valor estratégico que cualquier decisión tomada en Posadas.
Cuando los recursos son escasos, la cercanía deja de ser un gesto político para convertirse en una herramienta de gestión. Un ministro que pisa el territorio probablemente comprenda mejor un problema que quien solo lo conoce por un informe. Un expediente puede describir una necesidad. Difícilmente pueda transmitir la urgencia de quien la vive.
Durante algunos años pareció instalarse una falsa discusión entre juventud y experiencia. Como si renovar significara necesariamente desplazar a quienes acumularon años de gestión. La política, como casi todo en la vida, rara vez funciona con esa lógica. Los dirigentes jóvenes aportan nuevas miradas, otra relación con la tecnología y una lectura distinta del mundo que viene. Los que llevan años en la función pública conocen el territorio, administraron crisis y aprendieron que los problemas importantes no suelen resolverse con un buen discurso ni con una publicación en redes sociales. Una provincia necesita ambas cosas. Renovar no consiste en reemplazar una generación por otra. Consiste en hacer que las dos trabajen juntas. Dicho de otro modo: no se trata de elegir entre el veterano y el novato. Se trata de que el veterano no se crea con la verdad absoluta y el novato no se crea el salvador.
Ahí parece estar una de las claves de esta etapa. Porque descentralizar no significa solamente recorrer municipios. Significa también distribuir responsabilidades, confiar en los equipos y permitir que quienes conocen cada realidad puedan tomar decisiones.
El propio Passalacqua viene insistiendo con otra idea que dialoga con esa mirada: Misiones debe pensar con independencia. No como un gesto de aislamiento, sino como una necesidad. Cuando la Nación reduce recursos, paraliza obras o traslada responsabilidades a las provincias, el margen para esperar soluciones externas prácticamente desaparece. Administrar con autonomía deja de ser una consigna política para convertirse en una obligación cotidiana. Y también, dicho sea de paso, en una forma de no quedarse llorando sobre la leche derramada.
Ese criterio aparece detrás de muchas decisiones de las últimas semanas: créditos para productores, alivio fiscal para pequeños contribuyentes, programas de financiamiento, regularización de tierras, apertura de nuevos mercados para la yerba mate y obras que quizá no ocupen las portadas nacionales, pero modifican la vida de quienes conviven todos los días con esos problemas.
Hay una enseñanza que la política suele olvidar: los liderazgos más sólidos no son necesariamente los que concentran todas las decisiones. Muchas veces son los que logran construir equipos capaces de sostener un proyecto incluso cuando el conductor no está presente. La confianza, en ese sentido, también es una forma de ejercer el poder. Y quizás allí aparezca la verdadera diferencia que intenta construir esta gestión. No tanto una nueva estructura política, sino una manera distinta de entender el funcionamiento del Estado.
Macondo nunca fue importante porque figurara en los mapas. Fue importante porque García Márquez comprendió que la verdadera historia siempre sucede donde vive la gente. Las provincias también tienen sus propios Macondos. Y gobernarlas exige mirar mucho más allá de la ciudad donde funcionan las oficinas públicas. Exige entender que el futuro de Misiones también se escribe en cada municipio, en cada colonia y en cada comunidad que espera que el Estado llegue antes de que los problemas se vuelvan irreversibles. Si no, después, como en los libros, solo queda la nostalgia de lo que pudo ser y no fue.
Una sábana
Borges contó una vez que los símbolos pueden decir más que cualquier discurso. No hace falta recordar el cuento. Alcanza con ver lo que pasó cuando la Selección mostró la bandera de Malvinas en el escenario más grande del mundo. Fue un partido de fútbol. Nadie debería perder de vista ese dato. Pero también fue mucho más que un partido de fútbol.
En apenas unos segundos, una imagen recorrió el planeta y volvió a colocar en el centro de la escena una causa que para los argentinos trasciende gobiernos, partidos políticos e ideologías. La soberanía sobre las Islas Malvinas no pertenece a un presidente ni a una fuerza política. Pertenece a la historia, a la memoria y a una convicción compartida por generaciones. Eso, hasta hace unos días, parecía un consenso.
Hay un detalle que añade todavía más peso a esa imagen. Esa bandera que recorrió el mundo no fue diseñada por la Cancillería ni cosida en un taller oficial. La hicieron hinchas argentinos sobre una sábana de hotel, la ingresaron a la cancha de contrabando y la mostraron sin esperar nada a cambio. Con eso, con una sábana pintada a mano y el ingenio de unos pocos, se logró algo que la diplomacia no había conseguido en décadas: que el mundo volviera a hablar de Malvinas. Y que lo hiciera, además, en el idioma de la emoción.
Por eso resulta difícil comprender la reacción del presidente Javier Milei, que volvió a desmarcarse de un sentimiento que parecía de los pocos capaces de unir a los argentinos. Su postura no solo se distancia de la política exterior sostenida durante décadas por distintos gobiernos; también parece desconocer el valor simbólico que tuvo ese gesto para miles de Veteranos y para las familias de quienes dejaron la vida en el Atlántico Sur.
Nadie supone que una bandera mostrada después de una final cambie por sí sola el estatus jurídico de las islas. Pero tampoco conviene minimizar el poder que tienen los símbolos. Durante años, la diplomacia argentina buscó instalar el reclamo de soberanía en organismos internacionales, foros multilaterales y mesas de negociación. El fútbol, con una naturalidad imposible de planificar, consiguió que millones de personas alrededor del mundo volvieran a preguntarse por Malvinas.
No es un detalle menor que incluso medios británicos comenzaran a discutir el tema. The Telegraph, uno de los diarios más tradicionales del Reino Unido, llegó a preguntarse si no había llegado el momento de reabrir el debate sobre la soberanía. Más allá de las conclusiones que cada uno pueda sacar, el solo hecho de que esa pregunta aparezca publicada en un periódico inglés demuestra que la imagen produjo un impacto que excede largamente el resultado deportivo. Una bandera hecha sobre una sábana de hotel, ingresada de contrabando a un estadio, logró más que años de declaraciones oficiales.
Por eso sorprende que el Gobierno nacional haya elegido tomar distancia en lugar de comprender el alcance del momento. No se trató de utilizar políticamente a la Selección. Todo lo contrario. Fueron los propios jugadores quienes, de manera espontánea, recordaron una causa que atraviesa a toda la sociedad argentina. No hubo consignas partidarias, ni discursos electorales, ni apropiación sectorial. Hubo un mensaje sencillo: las Malvinas siguen siendo argentinas.
Esa diferencia, en política, es enorme. Una cosa es intentar convertir el deporte en una tribuna partidaria. Otra muy distinta es entender que el deporte también expresa sentimientos colectivos.
Los veterano de Malvinas lo entendieron enseguida. Muchos hablaron de emoción, de reconocimiento y de respeto. Después de tantos años cargando el peso de una guerra que nunca debió ocurrir, ver la bandera de Malvinas en el escenario deportivo más importante del planeta tuvo un valor imposible de medir en términos diplomáticos. Aunque, quizás, en términos simbólicos, fue más efectivo que cualquier declaración de la Cancillería.
Hay causas que necesitan negociaciones. Otras necesitan memoria. Malvinas exige ambas. La Argentina debe seguir reclamando por la vía diplomática, como lo establece la Constitución y como lo respaldan numerosas resoluciones internacionales. Pero también necesita que las nuevas generaciones comprendan que esa discusión no empezó en 1982 ni terminó con la guerra.
Quizá esa sea la mayor enseñanza de lo ocurrido. A veces un partido de fútbol no cambia la historia. Pero puede lograr algo igual de importante: que el mundo vuelva a hablar de ella. Y que algunos, como el Presidente, recuerden que hay símbolos que no se negocian. Ni con los británicos ni con la propia historia. Y que, a veces, una sábana pintada a mano en una habitación de hotel dice más que todas las declaraciones oficiales juntas.
El ministro de Desarrollo Social de Misiones planteó que la futura tienda libre de impuestos no debe convertirse en un negocio para pocos. Propone aprovechar la apertura nacional para defender al comercio local, atraer industrias y generar empleo genuino en la ciudad.
La llegada del Duty Free a Posadas abrió una discusión que va más allá de una tienda libre de impuestos. Para Fernando Meza, ministro de Desarrollo Social de Misiones el debate central es si la ciudad aceptará una nueva asimetría comercial o si utilizará esta oportunidad para reclamar un modelo más amplio, que cuide a los comerciantes locales y atraiga inversiones productivas.
“El Duty Free por sí solo no alcanza; Posadas necesita producir y generar empleo”, sostuvo Meza.
El Gobierno nacional reglamentó el régimen de tiendas libres en pasos fronterizos terrestres, y en Misiones Posadas aparece como uno de los puntos estratégicos por su dinámica comercial con Paraguay y Brasil, siendo nuesta ciudad el paso fornterizo de mayor trancito de personas a nivel pais. La medida puede generar movimiento económico y nuevos puestos de trabajo, pero también despierta preocupación en los sectores que desde hace décadas compiten en condiciones desiguales frente a Encarnación.
“No queremos una nueva competencia desleal; queremos una oportunidad de desarrollo para toda la ciudad”, enfatizó.
La preocupación de los comerciantes posadeños no pasa por rechazar la inversión ni desconocer el empleo que puede traer el Duty Free. El planteo apunta a evitar que un régimen con beneficios fiscales termine agravando las desigualdades que el comercio local arrastra desde la apertura del puente internacional San Roque González de Santa Cruz.
“Queremos que haya inversiones y que se generen puestos de trabajo: sí. Pero no queremos una nueva asimetría dentro de nuestras fronteras”, remarcó.
Por eso, el eje del reclamo no es frenar el Duty Free, sino ampliar la mirada. Meza propone que la habilitación comercial sea el punto de partida para avanzar hacia una zona franca con perfil industrial, logístico y comercial, capaz de convertir a Posadas en un polo de producción, exportación y generador de empleo. La diferencia es clave: una tienda libre de impuestos puede concentrar beneficios en pocos operadores; una zona franca industrial y logística podría abrir oportunidades para proveedores locales, empresas exportadoras y trabajadores de distintos sectores. En esa línea, el funcionario plantea que la ubicación de Posadas, frente a Encarnación y cerca de corredores hacia Brasil, debe transformarse en una ventaja productiva. Para Meza, la oportunidad no debe quedar encerrada en un esquema de consumo. Debe traducirse en empleo formal, participación real de la economía local y una política pública que ordene el crecimiento, pasar de ser una mera ciudad administrativa a una gran prestadora de insumos y sevicios. En particular, observa que industrias orientadas a exportar hacia Brasil podrían encontrar en Misiones una plataforma competitiva si existen reglas claras e incentivos adecuados. El planteo también tiene respaldo normativo. La Ley 24.331 de Zonas Francas permite impulsar espacios destinados al comercio y a la actividad industrial exportadora, mientras que antecedentes recientes vinculados a Puerto Iguazú mencionan la posibilidad de extender beneficios hacia Posadas y Bernardo de Irigoyen. Para el ministro, esa base debe servir para construir una respuesta de fondo a las asimetrías. “La discusión no debería limitarse a la instalación de un Duty Free, solo para venta minoristas de productos importaos. El verdadero desafío es definir qué modelo de desarrollo y generador de empleo queremos para nuestra ciudad”, sostuvo. La posición busca un equilibrio: reconocer que el Duty Free puede generar empleo y movimiento económico, pero advertir que, sin reglas que incluyan a los comerciantes y sin una estrategia industrial, el beneficio puede quedar concentrado, en pocasa manos. La propuesta de Meza es convertir una medida comercial en una política de desarrollo para toda la ciudad. “La verdadera oportunidad es fortalecer la producción, atraer inversiones y generar trabajo para los posadeños”, afirmó. En tiempos en que la frontera vuelve a marcar la agenda económica de Misiones, Meza intenta instalar una consigna clara: Posadas no debe resignarse a competir en desventaja ni conformarse con mirar cómo se concentra el negocio. Debe exigir una herramienta que cuide a sus comerciantes, atraiga industrias y convierta la apertura del Duty Free en una oportunidad más amplia. “Más que discutir una tienda libre de impuestos, la pregunta de fondo es qué ciudad queremos construir: una ciudad que dependa del consumo o una ciudad que también produzca, exporte y genere nuevas oportunidades”, remató