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EL SINSENTIDO DE LA OPOSICIÓN 

Diseno sin titulo 6

Cierto es que en las democracias consolidadas se confrontan ideas, programas o modelos opuestos de sociedad, y que abundan las pugnas entre los diferentes espacios políticos.

En los últimos años se han realizado muchos análisis sobre el extremismo y el odio en internet. Particularmente, han tenido una especial atención el alcance de las campañas y los grupos destinatarios de las mismas. Estas personas tienen algo en común: todas se ven en la necesidad de luchar con una crisis de identidad. En tal estado, todos son susceptibles a la radicalización. En estos grupos, la frustración individual se eleva a un nivel colectivo y se le ofrece una explicación. Tiene lugar un proceso de socialización al cual la radicalización y el adoctrinamiento ideológico están subordinados.

En algunos casos se reclutan específicamente teóricos de la conspiración, o bien personas que, según los estudios, tienen mentalidad conspirativa. Por otro lado, las teorías conspirativas también pueden transmitirse como un proceso sutilmente progresivo, que los académicos lo han denominado “redpilling”, donde el componente ideológico es agregado paso a paso.

Se puede vislumbrar un desplazamiento de los límites, una modificación de época marcada por el regreso de viejas metodologías aggiornadas a la era de las redes sociales. Estas se convierten el recurso ideal para la propagación de mentiras, medias verdades, acumulación de miedo, odio y revancha.

Este escenario presenta dos cuestiones centrales: en primer lugar, el sujeto político moldeado por estas claves político-mediáticas. Y en segundo lugar, el gran desafío de gobernar con este volumen de ataques y corrimiento de límites, como así también la capacidad de no dejarse arrastrar al terreno de un adversario, que incesantemente perpetra golpes que tienen como objetivo la desestabilización política y la generación de un clima de mal humor social continuo.

Estos grupos de poder han logrado instalar en el inconsciente colectivo la idea de la “antipolítica”, la desideologización de la política. En el campo político ya no se combate por ideas, se construyen carreras. A decir del reconocido historiador italiano Enzo Traverso, lo impolítico devela la realidad material subyacente a la representación política. Lo que actualmente se define como “antipolítica” es el rechazo de la política reducida a su “constitución material”. La “antipolítica” surge por el vaciamiento de contenido llevado adelante por los críticos a ultranza.

Dentro de esta nebulosa generada con ayuda de las redes sociales, no se ven en los espacios opositores figuras intelectuales que aporten racionalidad, tan necesaria en épocas de crispación social, tal vez porque ello impediría seguir llevando adelante la campaña de malhumor y desánimo de la ciudadanía que tanto rédito les da en cuanto a construcción del poder se refiere. El escenario político se encuentra marcado por una extrema beligerancia producto de las frecuentes confrontaciones y la polarización permanente. 

El reconocido politólogo Mario Riorda sostiene que “las campañas electorales han muerto y los debates en torno a las propuestas han sido suplantados por plebiscitos emocionales que se ponen en juego a partir de las dicotomías”.

Lo expuesto por Riorda desnuda con crudeza lo que sucede en la actualidad. A las claras, esta dinámica ha destruído toda posibilidad de debate y de presentación de propuestas de cara a la sociedad. Esta mutación hacia la cuestión emocional ha transformado el voto en un elemento para expresar descontento y hostilidad dejando en un segundo plano el análisis de propuestas, programas y proyectos políticos. Esta coyuntura facilita la aparición de personajes descontextualizados, sin un peso específico de las ideas y los argumentos. El voto responde más a una postura “anti” que a “favor de”.

En este orden de ideas, queda claro que los grandes ganadores en este contexto son aquellos que no tienen ideas ni argumentos, y sus discursos se basan en frases envasadas y por lo general asociadas con un relato nacional disociado de los verdaderos intereses y necesidades del ámbito local. Los mismos de siempre, reciclados detrás de nombres nuevos.

Cuando la incoherencia atenta contra la calidad democrática

En el último tiempo, se ha podido observar que sectores de la sociedad han sido arrastrados a burbujas ideológicas y de intereses que afectan la normal convivencia en un contexto de extrema polarización y de proliferación de discursos de odio que nada tienen que ver con la idiosincrasia y la esencia del pueblo misionero.

Dentro de las distorsiones de la democracia, también puede ocurrir que los grupos minoritarios ejerzan una presión sobredimensionada que no corresponde a sus votos reales ni a su presencia social, y que, de alguna manera, se produzca un chantaje ante el gobierno.

La construcción de sesgos muchas veces lleva a la sociedad a una falsa percepción que distorsiona la realidad y afecta notablemente la calidad democrática.

En el caso particular de Misiones, el famoso Teorema de Baglini está más vigente que nunca y es el mejor recurso para entender la irracionalidad de una oposición que bajo la falsa excusa de la defensa de la democracia y de las instituciones, pretenden desestabilizar de manera incesante a los gobiernos elegidos democráticamente por el pueblo.

La hipótesis del dirigente radical planteaba que las posiciones de responsabilidad que asume la oposición son directamente proporcionales a sus posibilidades de acceder al poder. Es decir, a menos posibilidad electoral de ser gobierno, más ligereza en los planteamientos.

Lo sucedido en última sesión ordinaria de la Cámara de Representantes de Misiones sirve como ejemplo más cabal para la aplicación práctica del Teorema de Baglini. Se trató de una jornada atravesada por el contraste entre la solidez institucional de un gobierno que sigue gestionando y una oposición que, sin rumbo ni coherencia, parece haber perdido definitivamente la bruja política.

La sesión legislativa tuvo su punto alto cuando se prestó acuerdo para designar a la Dra. Valeria Fiore Cáceres como ministra del Superior Tribunal de Justicia.  La votación volvió a poner sobre la mesa el debate sobre la coherencia política. En ese marco, sorprendió una vez más la postura del radicalismo misionero, que decidió votar en contra apelando a argumentos que no resisten ni el más mínimo análisis histórico. La defensa de la institucionalidad y la independencia necesita, ante todo, coherencia. Algo que le faltó a la UCR en su última experiencia de gobierno provincial en la década del 80.

En el año 1987, el gobierno radical designó como ministro del Superior Tribunal de Justicia al Dr. Ismael Carlos Acosta, que dejó su banca de diputado para asumir la magistratura judicial. En aquel momento nadie cuestionó su independencia ni su idoneidad. Muy por el contrario, fue celebrado como un gesto de confianza en la capacidad profesional y el compromiso democrático.

Al día de hoy resulta contradictorio que el vocero de la oposición radicalizada Ariel “Pepe” Pianesi intente plantarse en una postura de guardián de una pureza institucional que el espacio al que representa nunca practicó. Sorprenden los fundamentos del legislador saliente del radicalismo, máxime cuando proviene del ámbito del derecho: la figura del Defensor del Pueblo en Posadas (cargo que ejercía la Dra. Fiore Cáceres) fue creada por Carta Orgánica Municipal en 1988 y entró en vigencia con las elecciones dee 1991 donde asumió el primer Defensor del Pueblo de la ciudad. Este organismo de control autónomo e independiente fue incorporado a la Carta Orgánica de Posadas con el objetivo de proteger y defender los derechos humanos, individuales y sociales de los vecinos de ciudad; supervisar y garantizar que las instituciones y funcionarios cumplan con sus deberes, y controlar que las empresas de servicios públicos brinden sus prestaciones de manera adecuada a toda la comunidad. Asimismo, puede proponer ordenanzas ante el Concejo Deliberante, presentarse en los tribunales en representación de los ciudadanos y tiene capacidad para iniciar investigaciones.

El fundamento de Pianesi se centró en que la ministra Fiore ocupaba un cargo electivo “al cual fue electa en las últimas elecciones ejecutivas”, como si la decisión popular para semejante cargo encargado de la defensa de los derechos de los posadeños fuese un limitante. Todo lo contrario, realza el perfil de alguien que es propuesto para integrar el más alto Tribunal de la justicia misionera. Nada más antidemocrático y tramposo que intentar argumentar con una falacia que desvirtúa el concepto de la independencia de poderes.

Tras el advenimiento de la democracia en el país, al radicalismo misionero no le tembló el pulso ni se puso colorado a la hora de incorporar a sus cuadros al Superior Tribunal de Justicia de la Provincia.

Basta con recurrir a la historia para encontrar a juristas que fueron respetados por su labor, como el caso del Dr. Manuel Márquez Palacios, que pasó de ser abogado de la empresa proveedora de energia EMSA durante el gobierno radical a integrar el Máximo Tribunal durante 27 años, o los Dres. Alberto Primo Bertolini, Raúl Fernández y Juan Carlos Sorrentino que accedieron al cargo de ministros del Superior Tribunal de Justicia el 31 de enero de 1984 a propuesta del entonces gobernador radical Ricardo Barrios Arrechea. Todos magistrados que demostraron que el compromiso institucional no se mide por la pertenencia, sino por los valores. Sin embargo, la oposición actual sin el más mínimo grado de honestidad intelectual prefiere ignorar estos antecedentes y seguir atrapada en una lógica de obstrucción permanente y oportunismo que la aleja cada vez más del pueblo que dice representar. Ya no se de una discusión jurídica, en este caso, sino de una actitud política ruín que busca deslegitimar todo lo que no provenga de su espacio.

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Una política que transforme vidas

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En tiempos de desconfianza y polarización, cuando la política nacional muchas veces se reduce a promesas vacías o peleas sin sentido, en Misiones se reafirma un modelo que prioriza a las personas por encima de los discursos. Mientras algunos sectores se dedican a especular o a criticar sin construir, acá se sigue gestionando con presencia, con hechos, y con una convicción clara: que la política debe transformar realidades.

Esta semana, el gobernador Hugo Passalacqua recorrió varias obras que son ejemplo de esa gestión cercana y concreta. En Colonia Alberdi, supervisó la planta potabilizadora financiada con recursos netamente provinciales, que ya garantiza agua potable a más de 500 hogares. En Cerro Corá, hizo lo mismo con la nueva perforación del IMAS, que abastece a otras 200 familias. Obras esenciales, que se sienten todos los días en la vida de los misioneros, y que reflejan el modelo propio de una provincia que entiende la política como herramienta de transformación real.

Como dijo Passalacqua durante una de las recorridas: “Invertir en agua es invertir en salud y dignidad”. Esa frase resume lo que se hace en la Tierra Colorada: una política humana, concreta, que no se queda en las palabras, sino que actúa. También visitó el avance de las obras del hospital y el tinglado municipal de Pozo Azul, que continúan con fondos provinciales, pese al contexto nacional donde la Nación no envía un solo peso.

Al mismo tiempo, Oscar Herrera Ahuad, exgobernador y actual candidato a diputado nacional, propone desde un federalismo activo y realista. Sus proyectos tienen impacto directo en la vida diaria: devolución del IVA para jubilados, pensionados y estudiantes universitarios, defensa del modelo productivo local, y políticas claras de inclusión y accesibilidad. Habla de derechos, no de slogans. Presenta ideas que pueden implementarse, no teorías vacías.

Un ejemplo de esa mirada inclusiva fue el video donde explica el uso de la Boleta Única de Papel en lengua de señas. No fue un gesto simbólico, sino un mensaje político claro: la participación política no puede excluir a nadie. Esa es la diferencia entre una política pensada para las personas y otra centrada en los votos o en el show mediático.

Mientras la oposición se dedica a oponerse sin rumbo, sin propuestas claras ni compromiso real con la gente, Misiones avanza con coherencia, con gestión y con responsabilidad. El contraste es evidente: acá se gobierna, no se calcula. Acá se transforma, no se especula. Y esa diferencia, aunque muchos intenten minimizarla, se ve en cada obra, en cada decisión, en cada familia que accede a un derecho.

Por eso, para muchos, el próximo 26 de octubre, cuando Misiones elija tres representantes para la Cámara de Diputados de la Nación, no será simplemente una jornada electoral más. Será una instancia clave para revalidar un modelo político que escucha, actúa y entrega resultados concretos. Apostar por una política con propósito implica respaldar una forma de gobernar que pone a las personas en el centro de cada decisión, priorizando sus necesidades por sobre los intereses partidarios. En un contexto nacional atravesado por la incertidumbre, la Tierra sin Mal sigue siendo ejemplo de estabilidad, coherencia y visión de futuro, cualidades que hoy valen más que cualquier promesa vacía.

En ese contexto, el Frente Renovador de la Concordia llega con una posición fortalecida, impulsado por un liderazgo sólido y respetado como el de Oscar Herrera Ahuad. Su figura, ampliamente reconocida por la ciudadanía, no solo remite a su rol como gobernador durante la pandemia —donde demostró cercanía, empatía y compromiso humano—, sino también a una trayectoria basada en la gestión transparente, el equilibrio y la responsabilidad institucional. Su crecimiento sostenido en la intención de voto refleja el respaldo de un electorado que valora los hechos por sobre las palabras, y que reconoce en él a un dirigente preparado para llevar esa misma vocación de servicio al Congreso de la Nación.

Una sesión que expuso las diferencias: coherencia frente a oportunismo

La última sesión ordinaria de la Cámara de Representantes de Misiones no solo significó el cierre de un ciclo legislativo. Fue un encuentro marcado por el contraste entre la estabilidad institucional de un gobierno que continúa gestionando con compromiso y una oposición que, desorientada y sin una línea clara, evidencia haber perdido todo norte político.

En este marco, uno de los momentos centrales fue la ratificación del acuerdo para nombrar a la doctora Valeria Fiore Cáceres como nueva ministra del Superior Tribunal de Justicia. Con el apoyo mayoritario del oficialismo, el debate volvió a poner en foco temas como la independencia judicial y la necesidad de actuar con principios firmes. Llamó la atención la postura asumida por el radicalismo misionero, que rechazó el nombramiento esgrimiendo fundamentos poco consistentes y difíciles de sostener desde una mirada histórica. Defender la institucionalidad requiere coherencia, algo que la UCR local ha perdido desde hace tiempo.

Un repaso breve por la historia lo deja en evidencia. En 1987, durante un gobierno provincial radical conducido por Ricardo “Cacho” Barrios Arrechea y luego por Luis María Cassoni, el mismo partido designó como ministro del Superior Tribunal de Justicia al doctor Ismael Carlos “Pajarito” Acosta, quien provenía directamente del Poder Legislativo y era un reconocido dirigente de la UCR. Nadie cuestionó entonces su capacidad ni su independencia, sino que fue celebrado como una designación legítima. Esa misma fuerza política que en el pasado no dudó en incorporar a un dirigente propio a la Justicia, hoy se opone a una profesional con formación y trayectoria, según criterios que claramente responden a conveniencias del presente.

Resulta paradójico que referentes como Ariel “Pepe” Pianesi, hoy portavoz de una oposición radicalizada, pretendan erigirse como defensores de una institucionalidad que su propio partido no respetó cuando tuvo la oportunidad de hacerlo. Esta falta de coherencia no es solo discursiva, sino ética: buscan juzgar con una regla que no se aplican a sí mismos. Durante los años de restauración democrática, la UCR incorporó sin reservas a sus propios cuadros al máximo tribunal, y lo hizo sin complejos. Ahora, en cambio, descalifican a una funcionaria con impecable trayectoria por el simple hecho de haber trabajado en el Estado provincial, dejando en evidencia una actitud más vinculada al oportunismo que al respeto por las instituciones.

Misiones cuenta con múltiples antecedentes de juristas provenientes de distintos sectores que fueron ampliamente valorados por su labor, más allá de su origen político o institucional. Casos como el del doctor Marques Palacios, abogado de EMSA, o el del doctor Bertolini, militante radical, confirman que el compromiso con la justicia no depende de la procedencia, sino de los principios. Sin embargo, la actual oposición prefiere ignorar esos ejemplos, atrapada en una lógica de bloqueo y cálculo político que la distancia cada vez más de la ciudadanía. No se trata de un debate técnico, sino de una conducta política que intenta deslegitimar todo lo que no controla. Y la sociedad misionera ya conoce esos mecanismos: son los mismos que hoy reniegan de lo que ayer defendieron.

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Coherencia vs. desorden

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La última sesión ordinaria de la Cámara de Representantes de Misiones no solo marcó el cierre de un período legislativo. Fue, también, el inicio del tramo final hacia las elecciones del 26 de octubre, cuando los misioneros elegirán tres diputados nacionales.
El clima político dejó en evidencia un contraste nítido: mientras el oficialismo mantiene una línea constante y un rumbo definido, la oposición parece empantanada en el barro del desconcierto.

En este escenario, el Frente Renovador de la Concordia llega a la elección con solidez. Con Oscar Herrera Ahuad como candidato, la fuerza provincial se apoya en una figura que conserva legitimidad social y política. No es solo un reconocimiento a su paso por la gobernación: es una valoración hacia una forma de hacer política que privilegia la gestión por sobre el ruido, la coherencia por encima de la improvisación.

Herrera Ahuad construyó su marca personal con cercanía. Durante su gobierno, enfrentó crisis sin perder el rumbo, y esa memoria colectiva se traduce hoy en confianza. Su candidatura expresa continuidad, pero también madurez: la de un proyecto que no necesita reinventarse para seguir vigente porque tiene algo que no se compra: la legitimidad de ser representativo.

Mientras tanto, la oposición provincial, cada vez más dependiente de las tensiones nacionales, se aferra a los gestos y al discurso vacío. No hay una propuesta sólida anclada al territorio que pretenden representar, tampoco una visión compartida sobre el futuro de Misiones. Se oponen por reflejo, sin distinguir entre lo que puede mejorarse y lo que simplemente funciona. En esa dinámica de negación permanente, terminan envolviéndose en la irrelevancia.

El oficialismo, en cambio, continúa haciendo eso para lo que fue votado: gobernando.

No se trata de grandilocuencia, sino de constancia. Mientras el país vive atrapado en discusiones abstractas, Misiones sigue resolviendo problemas concretos. A veces pueden parecer soluciones chicas, casi irrelevantes, pero nada que cambie la vida de una sola persona lo es. Esa es la diferencia entre la política que gobierna y la que calcula votos, entre la que gestiona futuro y la que solo administra quejas.

En campaña, la Renovación mantiene esa línea: propone un federalismo activo, con proyectos que apuntan a mejorar la vida cotidiana, defiende el modelo productivo local y habla de inclusión en lugar de consignas. El estilo de su cabeza de lista es austero, pero claro: hay una idea de país que empieza en la provincia.

De cara al 26 de octubre, el voto en Misiones será más que una elección legislativa. Será una decisión entre la coherencia y el ruido, entre la política que construye y la que especula. Entre la inversión y la timba.
En medio del desconcierto nacional, Misiones sigue siendo un punto de estabilidad y sentido común.
Y en tiempos de confusión, eso vale más que cualquier discurso.