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Misiones es la provincia más barata para hacer las compras

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La consultora Analytica difundió esta semana un estudio provincia por provincia acerca del aumento de la canasta de supermercados equiparando idénticas marcas y volumen de envases en el cual determina un ranking de cuánto cuesta llenar el carrito de compras desde la más cara a la más barata, donde arroja que Misiones es la que en promedio reúne la canasta de supermercado más accesible del país.

El INDEC informó esta semana que los precios subieron 1,9% en julio y 36,6% en el último año. El rubro de “Alimentos y bebidas no alcohólicas” aumentó en igual proporción que el indicador general, cuando el mes anterior había crecido solamente 0,6%, frente a un IPC general de 1,6%. La suba del 14% del dólar mayorista el mes pasado tuvo su impacto -aunque leve- en el valor de los productos transables, se deberá continuar el análisis del traslado a precios en el mes de agosto atento a la escala del dólar mayorista y el continuo aumento del precio de los combustibles -ahora día a día- a través del nuevo método de micro pricing lanzado por YPF, que, de manera preliminar en agosto la suba en la provincia se encuentra en el orden del 3,5%, restando 14 días para la finalización del mes.

En este contexto, la consultora Analytica realizó un relevamiento, provincia por provincia, acerca de cuáles son las que registran mayor aumento en la canasta del supermercado. El mapa de las cadenas en el país muestra brechas notorias. El precio de una canasta básica para una familia tipo de clase media –dos adultos y dos menores– varía ampliamente entre provincias. El análisis utilizó productos de marca uniforme y empaques iguales para cada artículo, lo que elimina distorsiones y permite comparar de manera precisa el costo real de abastecerse.

De mayor a menor: las provincias más costosas

La región patagónica encabeza el ranking de provincias más costosas, con Santa Cruz al tope: llenar el changuito insumió $769.319 durante julio. En la misma zona, Chubut registró $759.467Tierra del Fuego llegó a $751.937 y Río Negro a $742.188. Estas cifras ilustran el peso de la logística y las condiciones particulares del mercado en el sur donde el costo de vida y salarios es más elevado.

En cuanto al Noreste argentino, esta zona del país reúne las jurisdicciones más accesibles a la hora de llenar la canasta familiar analizada por la consultora. Misiones se posicionó como la provincia más barata del país en este estudio con $691.579, seguida de cerca por Chaco y Formosa, con $693.219 y $693.746 respectivamente. La diferencia entre Santa Cruz y Misiones supera los $75.000, reflejando una brecha considerable en el acceso a la misma cantidad y variedad de productos en distintos puntos del país.

Panorama

Las tensiones cambiarias de julio, con un salto del tipo de cambio mayorista del 14% sobre el final del mes, tuvieron un traslado parcial a precios. Analistas económicos señalaron que el impacto pleno podría verse reflejado en agosto, un indicio de ellos es el aumento, ahora diario, del precio de los combustibles encabezados por la petrolera de bandera, arrojando aumentos parciales a mitad de agosto del 3,5% desde finales de julio a la fecha.

La fotografía a julio sobre los costos de una canasta de alimentos en supermercados lograda por la consultora Analytica refleja una realidad parcial que alcanza, sin mostrar los niveles de salarios por región, donde se puede inferir que a mayores precios de los alimentos mayor capacidad de compra o de ingresos por persona tiene la región, como lo explica Analytica en el caso de la región Patagónica.

De cara a las elecciones legislativas de Octubre, el dato de Misiones refleja el esfuerzo de los comercios que acechados por las asimetrías de precios con Brasil y Paraguay, sumado al claro intento de Nación de contener la inflación atrasando salarios, jubilaciones, salud y aportes a las Provincias obliga a las Pymes a reducir al mínimo márgenes de ganancias para mantenerse a flote y competitivos, que a la larga es conocido el desenlace de idénticas políticas monetarias y fiscales aplicadas en la dictadura del ´76, en la década de los ´90 con el desenlace del 2001 y recientemente en el fugaz intento de 2015 al 2019, hoy reflotadas al extremo.

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EL JUEGO DE ESPEJOS DE LA POLÍTICA

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En la afamada obra de Robert Louis Stevenson, “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, un hombre lucha contra sus dos mitades: una, amable y virtuosa, y otra, oscura y violenta. El doctor Jekyll y el señor Hyde son metáforas de la dualidad humana, pero en este análisis que haremos a continuación también podría ser un reflejo del panorama político actual de la Argentina, en donde la convivencia entre adversarios se ha convertido en un juego de espejos.

El sistema político argentino ha entrado en una alarmante espiral de degradación. Los valores del respeto y el diálogo fueron reemplazados por insultos y ataques personales. Gran parte de la clase dirigente nos tiene acostumbrados, desde hace tiempo, a mostrarnos los peores rasgos de la política: la radicalización, la desacreditación, el insulto y la agresión se transformaron en moneda corriente. En este escenario dantesco, poco importa el color político; todos parecen estar envueltos en un peligroso juego de agresividad que amenaza permanentemente con cruzar del ámbito verbal al físico. Este ambiente tóxico se ha apoderado del debate político y se propaga riesgosamente hacia la conversación pública.

Lo que presenciamos hoy es una atmósfera de hostilidad creciente, donde gran parte de la dirigencia política parece más preocupada por el poder y por su propia imagen que por las necesidades de la ciudadanía. Los temas más importantes han quedado relegados a un segundo plano, y el espectáculo y el escándalo es la norma. Los debates fueron reemplazados por gritos y descalificaciones, mientras que las prioridades de un país en crisis son completamente ignoradas.

Quienes nos dedicamos al análisis político y su impacto en el comportamiento de las sociedades advertimos como esta dinámica contribuye a germinar un nivel de odio inusitado. Dicho esto, vemos con mucha preocupación como la violencia verbal que se exhibe en los escenarios políticos crea un efecto contagio en la ciudadanía, que ya comienza a mostrar señales de polarización y crispación.

El politólogo norteamericano Morris Fiorina sostiene que la polarización crea apatía y retraimiento en la sociedad. A juzgar por el nivel de participación ciudadana que venimos observando en las diferentes elecciones que se celebraron en lo que va de este año, algo de cierto hay en la afirmación de Fiorina.

El elevado nivel de polarización reinante en nuestra sociedad aumenta las posibilidades de que los ciudadanos se vuelvan cada vez más rencorosos en sus interacciones, incluso en presencia de posiciones sobre temas comparativamente moderados.

Esta polarización afecta notoriamente el modo en que se desarrolla el debate público y contribuye a producir imágenes sesgadas, estereotipadas y hasta falsas de la realidad.

En este contexto, se hace necesario hacer un llamamiento a aquellos políticos que hoy avivan estas llamas de odio a que recuerden la historia y aprendan de los errores del pasado. Es lamentable que, en lugar de abogar por la concordia, el diálogo y el entendimiento, opten por encender el fuego de la agresividad poniendo en riesgo la paz social y la convivencia democrática.

Genera mucha vergüenza ver a ciertos dirigentes políticos que tienen la responsabilidad democrática de trabajar por el bien común, enredados en luchas de poder, mezquindades y demagogia.

Es momento de hacer un examen de conciencia. No podemos permitir que el sistema político argentino se siga degradando. Se trata de un cambio que debe empezar desde arriba, con una clase política que entienda la responsabilidad que tiene y que trabajen por la paz social y una sociedad más tolerante y unida. Y al mismo tiempo, con una ciudadanía que exija un cambio y que deje de tolerar y naturalizar comportamientos que siembren el odio y divida a la sociedad.

Estar presente

La política siempre se ha movido entre lo necesario (lo inevitable de la política misma, el bien común como fin y los principios fundamentales de la convivencia), y lo contingente (los medios por los que se alcanza el bien común y las formas institucionales concretas que adquiere la vida social). Si se la considera, integralmente, como una batalla cultural, dejamos de lado lo contingente y transformamos todo en principios innegociables a los que hay que defender a cualquier precio, incluso la desaparición del adversario. En estos términos, la batalla cultural justifica cualquier cosa. Dicho esto, vemos como Milei ha erigido el equilibrio fiscal en un fin en sí mismo, principio y dogma que justifica cualquier medida, tal es así que ha vetado todas las leyes que generarían mayores gastos fiscales. No está mal en sí mismo que el Gobierno Nacional defienda el eje de su política económica y se oponga a dichas leyes. Lo grave, junto a la dogmatización de una medida de política económica, es que se dedique a descalificar al Poder Legislativo tratando al Congreso de la Nación como “nido de ratas” y a sus miembros, los diputados elegidos por el pueblo, como “degenerados fiscales”.

Así las cosas, en tiempos donde la Nación se repliega sobre sí misma, desentendiéndose de las responsabilidades más elementales como la salud, la infraestructura y desarrollo económico de los sectores productivos, la provincia de Misiones elige un camino distinto a este presente. No se trata de un gesto retórico, sino de decisiones concretas que buscan sostener la calidad de vida de los misioneros frente a un ajuste perpetrado desde la Casa Rosada que castiga sin piedad y sin distinción a jubilados, discapacitados, trabajadores, empresarios y productores de las economías regionales como la yerba mate en el caso de Misiones. Mientras desde Buenos Aires se privilegia a los grandes grupos financieros, el Modelo Misionero continúa volcando sus recursos al mantenimiento de rutas, a la salud, a herramientas para el sector productivo y para los municipios que se traducen en mejor calidad de vida y dignifican a miles de familias misioneras.

Frente a un Estado Nacional que aplica la motosierra indiscriminadamente y abandona, entre otras cosas, la infraestructura vial, la voz de Misiones advierte que las provincias no pueden hacerse cargo solas de semejante desafío. El gobernador Hugo Passalacqua lo manifestó con contundencia en la Asamblea Plenaria del Consejo Federal de Seguridad Vial: “las rutas nacionales son el esqueleto de la República y cuidarlas es cuidar la vida de los argentinos”.

Frente a este complejo panorama, la Provincia, con recursos propios, despliega un esfuerzo sostenido en caminos rurales y en la entrega de maquinarias a municipios, con un financiamiento histórico y programas que permiten que las comunas puedan acceder a equipamiento esencial.

Al mismo tiempo, la administración provincial avanza en medidas de alivio fiscal y simplificación administrativa que contrastan fuertemente con la asfixia tributaria de un Gobierno Nacional que hasta ahora no cumplió con su promesa de campaña de eliminar impuestos, todo lo contrario: más contribuyentes son alcanzados por el impuesto a las ganancias y, no importa la clase social, el 21% de IVA lo pagan todos los argentinos por igual. Nada más regresivo e injusto que eso.

La salud pública es otro de los ámbitos en donde se observa ese juego de espejos entre el Gobierno Nacional y el Gobierno Provincial. Mientras a nivel nacional, vemos como la motosierra de un Estado insensible pasa sin piedad por el Hospital Garrahan y por el sector de discapacidad, la Provincia invierte y descentraliza. La inauguración de la Sala de Hemodinamia en el Hospital SAMIC de Puerto Iguazú, sintetiza mejor que cualquier discurso lo que significa tener un gobierno presente.

Mientras vemos como hay fábricas en diferentes puntos del país que suspenden personal, paran la producción y bajan persianas, Misiones en el último año logró inversiones por 40 mil millones de pesos a través de un acuerdo estratégico con el Banco Nación. Esos recursos fueron inyectados en la economía y en las industrias locales, fortaleciendo el entramado productivo en una época muy compleja, evitando de esta manera que la recesión nacional derrumbe la actividad en la provincia.

La política, en definitiva, se mide en prioridades. En Misiones son claras, las inversiones en materia de salud, en infraestructura, en el sector productivo, y en el apoyo a los municipios persiguen el fin de la más alta política: el cuidado de la vida y del futuro de todos los misioneros, sin distinción. En ese espejo, el Gobierno Nacional exhibe su rostro más crudo: la insensibilidad frente a los recortes, el abandono y la complicidad ciertos sectores del poder concentrado.

Claro está que Misiones no es una isla, pero ha demostrado que, aún en medio del caos y la incertidumbre, se puede trazar un rumbo propio y llevar esperanza a su pueblo.

Rumbo a octubre

En cuanto a la carrera electoral, se plantea un escenario interesante en la provincia en lo que refiere a este juego de espejos de la política. El rejunte del PRO y LLA deberá lidiar con la gran contradicción que supone avalar el equilibrio fiscal a nivel nacional mientras que a nivel provincial exigen al gobierno que aumente los sueldos de los empleados públicos en porcentajes irracionales por encima de los índices de inflación que publica el INDEC bajo la órbita del Gobierno Nacional que representan; aplaudir desregulaciones que impactan negativamente en diferentes actividades y sectores productivos como el caso de la yerba mate al mismo tiempo que piden que la Provincia le de herramientas a los privados para afrontar la crisis generada por la Nación; festejan el desfinanciamiento a la salud, el recorte de fondos destinados a discapacidad y el congelamiento de las jubilaciones mientras liberan los precios de medicamentos y de las prepagas, pero a nivel provincial reclaman mayor infraestructura hospitalaria y más profesionales.

Será momento de sacarse las caretas y sincerarse, ¿para qué quieren llegar al Congreso de la Nación? ¿Para ser garantes del ajuste del Gobierno Nacional en la Cámara de Diputados o para defender los intereses de los misioneros?

En este contexto, se vuelve central la figura de Oscar Herrera Ahuad, presidente de la Legislatura provincial y candidato a diputado nacional del Frente Renovador Neo. Su actividad en los últimos días lo mostró acompañando inauguraciones en el área de la salud, compartiendo con médicos residentes y participando de eventos culturales y turísticos. Herrera Ahuad representa la política de cercanía que forma parte del ADN de la Renovación: un dirigente que no se encierra en los despachos ni se dedica a grabar videos para las redes sociales, sino que da la cara, camina, escucha y se compromete. 

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La política como gestión de prioridades

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Hay palabras que, por su precisión conceptual y su peso simbólico, definen mejor que otras la esencia de un fenómeno. En política, esa palabra es prioridad. No hay gestión pública posible sin un orden de prioridades. Y cuando ese orden se extravía, lo que sobreviene es la arbitrariedad, el abandono o, peor aún, la crueldad institucional.

En estos tiempos de repliegue del Estado nacional, donde la Casa Rosada parece ensimismada en una lógica de ajuste que castiga sin piedad a los más vulnerables, Misiones ofrece un contramodelo sólido y consistente, basado justamente en eso: en priorizar.

¿Y cuáles son esas prioridades? La provincia las define con claridad: rutas en condiciones, salud pública fortalecida, acompañamiento a los municipios, apoyo a la producción local y cuidado de la vida de los misioneros. Esas no son consignas, sino ejes de acción concretos que se traducen en obras, inversiones, decisiones fiscales y presencia territorial. Frente a un gobierno nacional que privilegia a los grandes grupos financieros y desmantela políticas sociales, Misiones responde con gestión, cercanía y compromiso real con las necesidades cotidianas de su gente.

Gestionar para conectar y proteger

El gobernador Hugo Passalacqua lo expresó con claridad durante su intervención en la Asamblea Plenaria del Consejo Federal de Seguridad Vial: las rutas nacionales son el esqueleto de la República y cuidarlas es cuidar la vida de los argentinos. Frente a un Estado nacional que se desentiende de la infraestructura vial, la Tierra Colorada advierte con firmeza que las provincias no pueden —ni deben— hacerse cargo solas de un desafío de esa magnitud. Sin embargo, dentro de sus límites y responsabilidades, la provincia sí asume un compromiso activo y sostenido con su red vial propia: invierte en caminos rurales, entrega maquinaria vial a los municipios, impulsa programas de financiamiento históricos que permiten a comunas grandes y pequeñas acceder a equipos esenciales.

Allí donde la Nación abandona, Misiones cuida, fortalece y acompaña, porque sabe que un camino en condiciones no es solo una obra de infraestructura: es producción que se mueve, es un chico que llega a la escuela, es una ambulancia que llega a tiempo. Es comunidad que sigue de pie.

Una gobierno que escucha y actúa

La gestión misionera se enmarca en una visión profundamente humanista y social. En un país donde las jubilaciones se pulverizan y las personas con discapacidad ven vulnerados sus derechos, la Tierra Colorada apuesta a la salud pública descentralizada, con inversiones como la sala de hemodinamia del Hospital SAMIC de Puerto Iguazú, con un angiógrafo que salvó una vida antes incluso de su inauguración formal. No hay gesto más poderoso que ese: el Estado que está cuando se lo necesita, no cuando le conviene.

Además, la eliminación de la certificación contable en el Formulario 178 por parte de la Agencia Tributaria Misiones no es apenas un detalle técnico: representa un gesto político de confianza hacia el contribuyente, una reducción real de costos en medio de la asfixia económica nacional. Es cercanía, empatía, y comprensión del contexto.

Frente al desguace de las economías regionales, la producción misionera encuentra alivio en decisiones estratégicas que marcan una diferencia concreta, como la reciente reducción de tarifas en el Puerto de Posadas, que permite ahorrar hasta 800 dólares por contenedor respecto al costo del transporte terrestre hacia el puerto de Buenos Aires. No se trata solo de una mejora en la logística o de mayor competitividad: es una decisión que fortalece la soberanía económica provincial, consolida la presencia activa de Misiones en el comercio exterior y posiciona al Estado como garante de condiciones reales para que los pequeños y medianos productores no solo puedan subsistir, sino también crecer en un contexto hostil.

Este esfuerzo va acompañado por un modelo de inversión pública y gestión eficiente. Misiones, con recursos limitados, ha logrado gestionar más de 40 mil millones de pesos a través de un acuerdo con el Banco Nación, volcándolos directamente a la economía local. Es decir: mientras el gobierno nacional recorta y reprime, la provincia invierte, motoriza y sostiene.

Por otro lado, los municipios, muchas veces olvidados en los debates nacionales, son el primer contacto del ciudadano con el Estado. La Tierra sin Mal lo entiende y refuerza esa base con entrega de maquinaria, mantenimiento de caminos y respaldo concreto al interior profundo. Esa maquinaria que llega a una comuna no es solo un fierro: es un puente entre el Estado y el productor, es tiempo ganado, es barro que no tapa el acceso a la escuela.

Oscar Herrera Ahuad, presente en cada paso

En este contexto, la figura de Oscar Herrera Ahuad adquiere un valor simbólico y estratégico. Exgobernador, hoy presidente de la Legislatura y candidato a diputado nacional, representa una política que no se encierra en despachos. Lo vimos en hospitales, en actos culturales, en eventos turísticos, interviniendo personalmente ante un accidente vial en Santa Ana.

Ese compromiso territorial no es un acting: es coherencia. Y es justamente esa coherencia la que proyecta su candidatura al Congreso como una necesidad para Misiones y un ejemplo para el país. Llevar a la cámara baja de la nación una voz que conoce la gestión pública desde adentro, que supo transformar políticas en hechos concretos y que puede abrir puertas en tiempos de cierre generalizado, no es lujo, es urgencia política.

Y es desde esa clase de liderazgos, nacidos de la gestión concreta y el compromiso territorial, que se puede entender el verdadero sentido de gobernar.

Al final del día, lo que distingue a una buena gestión política no son las declaraciones, sino las prioridades que se eligen y se ejecutan. Y en Misiones, esa brújula no se ha perdido. En tiempos en que la Nación se repliega, la provincia avanza, acompaña, protege y construye futuro. Esa es la política que vale: la que hace, la que transforma, la que está.

En un país arrastrado por el ajuste, la Tierra sin Mal se convierte en faro. No por creerse una isla, sino por demostrar que aun en medio de la tormenta se puede gobernar con humanidad, con inteligencia y con prioridades claras.

Y eso, ni más ni menos, es lo que el resto del país necesita empezar a imitar.