Argentina volverá a crecer en 2026, pero el desempleo no baja: qué hay detrás del desacople de la Ley de Okun

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Por Mg. Martín Leiva Varela 

En 2026 la economía argentina volvería a crecer. Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de julio, los analistas proyectan una expansión del PBI real del 2,7%, que se sumaría al crecimiento del 4,4% registrado en 2025. Sin embargo, la recuperación de la actividad no encuentra hasta ahora su correlato en el mercado laboral: mientras que en 2023 la tasa de desempleo se ubicó en 6,1%, para 2026 el mercado proyecta una tasa del 7,5%. Es decir, aun con una economía que recuperó y superaría el nivel de actividad de 2023, la desocupación se ubicaría 1,4 puntos porcentuales por encima de aquel año.

De cumplirse estas estimaciones, Argentina atravesaría dos años consecutivos de crecimiento económico sin una reducción del desempleo. Este comportamiento se aparta de una de las relaciones empíricas más conocidas de la macroeconomía: la Ley de Okun.
Esta relación plantea que, normalmente, cuando una economía crece aumenta la demanda de trabajadores y disminuye el desempleo. No se trata de una ley exacta, sino de una regularidad empírica cuya intensidad puede variar según el período y la estructura productiva.

La experiencia argentina ofrece numerosos ejemplos. En 2021 el PBI creció alrededor del 10% y el desempleo cayó 2,8 puntos porcentuales; en 2022 la economía creció otro 6% y el desempleo disminuyó 1,9 puntos.

Una estimación sobre la serie histórica también muestra una relación significativa: cada punto porcentual adicional de crecimiento del PBI estuvo asociado, en promedio, con una reducción cercana a 0,18 puntos porcentuales en la tasa de desempleo.

Desde 2025, sin embargo, aparece un desacople. La pregunta es: ¿por qué el crecimiento actual no está generando la misma respuesta del mercado laboral?

La clave está en qué sectores crecen

Una parte de la explicación aparece al observar la composición de la recuperación.

Tomando el último dato disponible del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) y comparando junio de 2026 con junio de 2023, la industria manufacturera todavía se encontraba 11,5% por debajo; la construcción, 13,9%; y el comercio, 9,6%.

En cambio, otras actividades muestran una expansión muy significativa respecto de aquel momento: agricultura, ganadería, caza y silvicultura creció 93,8%; pesca, 50,1%; explotación de minas y canteras, 33,3%; e intermediación financiera, 20,8%.

Esta diferencia importa porque no todo crecimiento tiene el mismo impacto sobre el empleo.

La construcción es intensiva en mano de obra y genera numerosos encadenamientos. La industria demanda empleo directo, proveedores, logística y servicios. El comercio constituye también uno de los grandes demandantes de trabajadores.

En cambio, actividades como el agro o la minería pueden realizar una contribución significativa al PBI y a las exportaciones sin requerir un aumento proporcional de la cantidad de trabajadores.

Así, mientras algunos de los sectores que lideran la recuperación superan ampliamente sus niveles de 2023, industria, construcción y comercio todavía permanecen entre 10% y 14% por debajo de los niveles de actividad de junio de aquel año.

El empleo registrado muestra el mismo problema

La evolución del empleo asalariado privado acompaña esta lectura.

Argentina tenía en promedio aproximadamente 6,36 millones de asalariados privados registrados en 2023. En 2025 fueron 6,23 millones y durante los primeros cinco meses de 2026 el promedio se ubicó en 6,16 millones.

Es decir, pese a la recuperación del PBI, existen aproximadamente 200 mil asalariados privados registrados menos que en 2023, una reducción superior al 3%.

Dos sectores resultan particularmente relevantes. En la industria manufacturera, el promedio de empleo asalariado privado registrado pasó de aproximadamente 1,19 millones de trabajadores en 2023 a 1,15 millones en 2025: unos 38 mil puestos menos (-3,2%).

En la construcción, pasó de aproximadamente 459 mil a 378 mil trabajadores: unos 80 mil empleos menos (-17,5%).

El comercio presenta una situación diferente: aunque su nivel de actividad en junio de 2026 continúa por debajo del registrado en junio de 2023, el empleo asalariado privado registrado aumentó entre 2023 y 2025, pasando de aproximadamente 1,22 millones a 1,25 millones de trabajadores (+2,7%). De este modo, el deterioro del empleo resulta particularmente marcado en la industria y la construcción.

Menos asalariados, más monotributistas

Al mismo tiempo, está cambiando la composición de las personas con trabajo registrado según su modalidad ocupacional principal.

Mientras disminuyó el empleo asalariado privado, la cantidad de monotributistas pasó de aproximadamente 1,98 millones en 2023 a 2,20 millones durante los primeros cinco meses de 2026, un incremento de alrededor de 221 mil personas (+11%)

Esto no permite afirmar que exista un traslado directo desde puestos asalariados hacia el monotributo, pero sí evidencia una transformación: hay menos asalariados privados registrados que en 2023 y más trabajadores registrados bajo modalidades independientes.

También debe evitarse interpretar directamente la caída del total de trabajadores registrados debido al importante quiebre que presenta la serie del Monotributo Social. Excluyendo esa categoría, el empleo registrado total prácticamente no varió entre 2024 y 2025. La señal relevante está, entonces, más en su composición que en el agregado.

Un crecimiento con menor generación de empleo

El desacople reciente respecto de la Ley de Okun puede comprenderse mejor a partir de esta combinación.

Argentina volvió a crecer, pero los sectores no se recuperaron de manera homogénea. Mientras el agro, la minería y determinadas actividades muestran un fuerte dinamismo, sectores con elevada capacidad de generación directa e indirecta de empleo, como la industria y la construcción, todavía no recuperaron sus niveles de actividad y empleo de 2023.

Esto permite que convivan crecimiento del PBI, un desempleo que no disminuye y un empleo asalariado privado que permanece rezagado.

Por eso, quizás no estemos simplemente frente a un fenómeno de “crecimiento sin empleo”, sino ante un crecimiento con una composición sectorial que, hasta ahora, tiene menor capacidad para transformarse en nuevos puestos de trabajo asalariados.

La Ley de Okun no necesariamente dejó de funcionar. Se trata de una regularidad empírica y no de una relación mecánica que deba verificarse todos los años. Pero el desacople reciente merece atención.

Si las estimaciones del REM para 2026 se cumplen, el fenómeno observado en 2025 se prolongaría: la economía volvería a crecer sin una reducción significativa del desempleo y terminaría 2026 con una tasa superior a la registrada en 2023.

El desafío, entonces, no pasa solamente por cuánto crece la economía, sino también por qué sectores impulsan ese crecimiento y qué capacidad tienen para generar empleo.

Porque una recuperación no se mide únicamente por la evolución del PBI. También importa cuántos puestos de trabajo genera y qué tipo de empleo se está creando.

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