
Cuando todavía no era conocido por la mayoría de la población, se viralizaban rápidamente por las redes sociales y los celulares, principalmente de los más jóvenes, los cortes de video de apariciones suyas en programas de televisión, en los que solía mostrarse furioso e insultar al resto de los invitados que osaran cuestionar sus argumentos. Siempre de traje y corbata, y con su característica cabellera revuelta, comenzaba ya por ese entonces a difundir las ideas del liberalismo y a criticar al keynesianismo, su eterno enemigo, que promueve un Estado más presente y el incentivo al consumo para mover la economía, dos conceptos en los que no cree. Con el tiempo, y a medida que crecía su carrera política -una denominación con la que no se siente muy cómodo-, Javier Milei fue dejando atrás la vehemencia y adoptando una postura más relajada, con la que empezó a ocupar un espacio de derecha que estaba vacante en el espectro de representación de la sociedad argentina, y que lo llevó a competir hoy por la Presidencia. En unas elecciones que estarán marcadas por los altos niveles de inflación y de pobreza, por un sentimiento de desilusión de los votantes con los partidos tradicionales y, sobre todo, por graves hechos de inseguridad, el líder de La Libertad Avanza buscará capitalizar su rol de outsider y de ser el único que presentó un proyecto distinto -aunque polémico- para solucionar esas problemáticas: dolarizar y aplicar la mano dura.
El asesinato de una niña de 11 años en Lanús en manos de motochorros, que motivó la suspención de casi todos los actos de cierre de campaña, y la muerte de un militante de izquierda en el Obelisco tras haber sido detenido por la Policía de la Ciudad durante una protesta, y las posteriores manifestaciones en las que derivaron ambos hechos, generaron un caldo de cultivo de incierto efecto en el votante.
El primer paso hacia la función pública lo dio el 22 de octubre del 2020, el día que cumplió 50 años, como él mismo recuerda, al debutar con una candidatura de cara a las elecciones legislativas del 2021, en las que sorprendió a propios y ajenos al obtener 13 puntos en las primarias y más de 16 en las generales, un número importante para alguien que construyó un partido desde cero.
Hasta ese momento, Milei estaba metido en lo que él mismo denominaba como “la batalla cultural”, con la que buscaba combatir las premisas del socialismo, y era un mero espectador y militante del camino que comenzaba a construir José Luis Espert, “El profe”, a quien le aseguraba una y otra vez que no se iba a “meter en el barro de la política”. Sin embargo, una tarde el economista dejó atrás el traje, se colocó una campera y un sobretodo de cuero, unos borcegos y un jean, todo negro, y salió a gritar a las plazas de la ciudad de Buenos Aires, al ritmo de “Panic show”, de La Renga, que era el león que se iba a “comer a la casta”, como una forma de sintetizar el enojo de la gente con la élite gobernante.
Con una onda rockera -es fanático de Los Rolling Stones-, el dirigente opositor empezó a encabezar actos masivos, a los que llama “recitales”, en los que suele saltar de un lado al otro, agitando efusivamente las manos para incentivar al público a que cante y grite, mientras repite: “Yo no vine acá para guiar corderos, vine a despertar leones”.
Por otro lado, en la televisión y la radio dejó de levantar la voz, que trata de cuidar minuciosamente, al punto de no acceder al pedido de audios para amigos por parte de la militancia, y para las entrevistas adoptó una postura casi de profesor. Sereno, pero de corrido, Milei explica una y otra vez su plan para dolarizar y lanza sucesivamente nombres de reconocidos autores de la escuela austriaca, en los que basa su pensamiento liberal.
También dejó en el pasado los insultos para los rivales. “¿No viste que ya no digo ‘Juntos por el Cargo’ ni ‘El Frente de Chorros’, porque después se ofenden”, llegó a decir en una oportunidad, con un tono de fastidio. No es alguien a quien le guste tener que contenerse. No es políticamente correcto, y trata de no serlo.
En las próximas PASO, Milei se enfrenta a, quizás, el reto más grande de su vida en el marco de su nuevo rol, ya que del resultado que obtenga en estos comicios dependerá que haya tenido razón en su discurso contra “la casta” o, por el contrario, se quedará tan solo en un fenómeno viral, con mucho poder para convocar personas a un acto, pero poca tracción de votos.Si ocurre esto segundo, no solo se desmoronará su principal argumento, el de que la gente está harta de “la casta”, sino que además lo condicionará de cara a las generales y estará forzado a lograr un batacazo en octubre para alcanzar el tan ansiado balotaje, que hoy aparece como su principal meta a corto plazo, ya que considera que si llega a esa instancia, le puede “ganar a cualquier rival”.
Como un primer análisis de su potencial político en las urnas, podrían considerarse las candidaturas a gobernador de distintos dirigentes de su espacio que -teniendo en cuenta solamente a aquellos que apoyó abiertamente-, consiguieron entre 8 y 15 puntos, cuando el piso planteado por su equipo de armado nacional era de 10.
Sin embargo, el líder de La Libertad Avanza, que en reiteradas ocasiones negó estar vinculado a aquellos dirigentes que se presentaron a elecciones provinciales en su nombre y usando su imagen, pero que no tenían su aval -los cuales tuvieron resultados mucho peores, de entre 1 y 5%-, minimizó esta situación y aseguró que el desempeño en el interior del país no es extrapolable a lo que pueda suceder en las Presidenciales.
A nivel nacional, aunque al principio se hizo fuerte en el electorado joven, sacándole buena parte de este grupo al kirchnerismo, al convertirse el liberalismo en lo nuevo y revolucionario, de a poco, personas de todas las edades comenzaron a escucharlo y a coincidir con sus ideas.
Con la franja etaria menor de 18 años, el flechazo fue prácticamente instantáneo, apoyado en que se trata de una generación con fácil y habitual acceso a sus videos en internet y en general, poco encantada con el denominado “populismo” y la justicia social, que parece haber perdido su atractivo rebelde.
A la vez, según los principales analistas, son los jóvenes quienes tienen una inclinación mayor por ir a votar el día de las PASO, un entusiasmo que disminuye a medida que el rango de edad va aumentando, lo que podría darle una ventaja frente a los partidos tradicionales.
Por otra parte, en el último tiempo también sumó una serie de estrategias a su discurso. En primer lugar, resurgió el trístemente célebre canto del “que se vayan todos”, como una forma de poner en palabras conocidas su pelea con los políticos y resaltar una de las grandes diferencias que tiene con sus adversarios, ya que él no estaba en el Estado cuando estalló la crisis del 2001.
Además, trató de acercarse al votante duro del PRO, no solo al evitar cuestionar abiertamente a Mauricio Macri, sino además calificándolo en su acto de cierre de campaña como otro outsider que tuvo “la oportunidad de romper con el sistema empobrecedor y abrazar las ideas de la libertad”, para inmediatamente después ponerse a él mismo como la nueva esperanza, “que puede que sea la última”.
Ya sea en las villas, en los barrios de clase media o en los countries, Milei cuenta con alto nivel de conocimiento y un cierto apoyo que, según todas las encuestas, lo ubican como la tercera fuerza más importante del país en la actualidad, a pesar de haber ingresado hace menos de tres años a la política.
Sin embargo, y contraintuitivamente, el lugar donde peor mide, según reconoce la propia gente que lo rodea, es en la ciudad de Buenos Aires, su bastión. En el distrito donde lanzó su primera campaña es en el que menos creció: su discurso impregna más en el interior del país.
Tal vez sea también por eso que en el último tiempo decidió alejarse de Patricia Bullrich, con quien antes se mostraba cercano, ya que la referente del PRO, también precandidata presidencial, comparte con él la idea de la mano dura en el plano de la seguridad, entre otros puntos importantes, por lo que se dividen el voto de derecha.