
El empleo de asistentes digitales crece entre quienes buscan apoyo psicológico, pero el MIT Technology Review difundió que expertos y organismos internacionales alertaron sobre dilemas de privacidad, ética clínica y falta de regulaciones adecuadas.
La asistencia psicológica digital atraviesa una expansión acelerada a escala global, con millones de personas que recurren a chatbots y aplicaciones de inteligencia artificial para recibir apoyo en salud mental. El fenómeno se potenció en un contexto de crisis sanitaria y limitaciones de acceso a la atención tradicional. Según MIT Technology Review, esta adopción masiva amplía el alcance del acompañamiento psicológico, pero también expone a riesgos significativos.
Datos de la Organización Mundial de la Salud indican que más de 1.000 millones de personas afrontan algún trastorno vinculado a la salud mental, con aumentos marcados en ansiedad y depresión, en especial entre jóvenes. En ese escenario, plataformas como ChatGPT de OpenAI, Claude de Anthropic y aplicaciones como Wysa y Woebot concentran millones de usuarios. Estas herramientas ofrecen interacción conversacional y, en algunos casos, monitoreo conductual mediante análisis de datos.
El uso de inteligencia artificial en psicología crece por la crisis global de salud mental
El avance de estos sistemas se desarrolla como un proceso sin regulación homogénea, con resultados dispares. Mientras algunos usuarios reportan alivio y contención, otros reciben respuestas incoherentes o potencialmente dañinas. En octubre de 2025, el CEO de OpenAI, Sam Altman, informó que “el 0,15 por ciento de los usuarios de ChatGPT, alrededor de un millón de personas por semana, compartían ideas suicidas a través del sistema”.
La magnitud de ese dato intensificó el debate entre especialistas y organismos sanitarios. Las experiencias negativas registradas por familias y pacientes alimentaron cuestionamientos sobre los límites del uso de estas tecnologías. El crecimiento de la oferta convive con advertencias sobre la falta de controles equivalentes a los que rigen la práctica clínica tradicional.
Los beneficios, riesgos éticos y efectos comerciales de la terapia digital
Desde una perspectiva favorable, la filósofa de la medicina Charlotte Blease señaló que la inteligencia artificial puede aliviar la sobrecarga de los sistemas de salud y reducir barreras de acceso. “Los chatbots podrían eliminar barreras iniciales, permitiendo que muchos se animen a expresar inquietudes que no compartirían con un humano”, sostuvo. No obstante, también advirtió sobre los riesgos asociados a respuestas imprevisibles y a la confidencialidad de la información.
Según Infobae, el divulgador científico Daniel Oberhaus planteó en su análisis el concepto de “asilo algorítmico” y alertó que “la lógica de la inteligencia artificial psiquiátrica lleva hacia un futuro en el que todos podríamos quedar atrapados bajo vigilancia digital, sin posibilidad de escape”. En la misma línea, el investigador Eoin Fullam advirtió que “cuanto mayor es el beneficio que percibe el usuario, mayor es el grado de explotación que experimenta”, al examinar modelos de negocio basados en la recolección de datos y la mercantilización de la salud mental.