
El secretario de Hacienda de la Provincia cuestionó la factibilidad y la conveniencia de dolarizar. Indicó que renunciar a la moneda propia tendría efectos similares a los que tuvo la convertibilidad, que terminó generando la crisis más profunda que atravesó el país. Señaló que los países que dolarizaron crecen menos que los que conservan su moneda.
El Espacio de Reflexión Universitaria (ERU) convocó al profesor y economista, Juan Dip, y al secretario de Hacienda de la Provincia, Adolfo Safrán, a una charla titulada “La Dolarización: posibilidades de su implementación y sus principales efectos para las familias y empresas” que se desarrolló en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Misiones.
“Comencé mi exposición identificando los objetivos explícitos que a nivel teórico persigue la dolarización, aquellos que establecen que los países que renuncian a su moneda supuestamente quedarían a salvo de una mala gestión monetaria y macroeconómica en virtud de una menor inflación y de mayor crecimiento con respecto a las economías no dolarizadas. Bajo estos supuestos, el crecimiento provocado por la dolarización sería consecuencia de las bajas tasas de interés, algo que atraería mayores inversiones; y de la eliminación de la volatilidad del tipo de cambio, lo que supondría un impulso al comercio internacional”, indicó Safrán.
Advirtió empero, que la realidad no siempre coincide con los deseos plasmados en un modelo teórico y Argentina encuentra en el período en el que rigió la convertibilidad peso-dólar un antecedente cercano en el tiempo que permite anticipar los efectos reales que tendría una dolarización.
Esta normativa obligaba al Banco Central a que en todo momento las reservas de libre disponibilidad en oro, bonos y divisas extranjeras debían ser equivalentes al 100% de la Base Monetaria; con el objetivo de generar confianza ya que la cantidad de dinero circulante no crecería sin tener un respaldo directo en activos financieros equivalentes.
“A pesar de que la medida obtuvo un éxito relativo en el corto plazo, logrando aplacar las expectativas inflacionarias, de todas maneras el Gobierno perdió control sobre el manejo de la política monetaria y cambiaria y, tras una profunda crisis, en parte asociada a la falta de competitividad de la moneda nacional, en enero de 2002 se dio por finalizado el régimen de la convertibilidad”, recordó.
Señaló que el crecimiento del PBI que se registró durante ese período estuvo asociado directamente a las privatizaciones de empresas públicas y la reducción del Gasto Público mediante el despido de muchos empleados y no al crecimiento de la producción ni de la industria. Recordó además que el proceso de desregulación y apertura de la economía implementado provocó un aumento del desempleo generado por un fenómeno de sustitución de mano de obra por maquinarias y la competencia con los productos importados (más baratos) que redujeron la producción de la industria local.
“Además de estos efectos negativos, la convertibilidad también dejó a la Argentina a la intemperie frente a las perturbaciones o shocks externos. Frente a un esquema rígido de precios y salarios nominales, sin la posibilidad de depreciar el tipo de cambio para mejorar la competitividad, se incrementó el desempleo y se estancó el crecimiento”, dijo.
Resaltó que los países que dolarizaron su economía, como Ecuador, Panamá y El Salvador lograron reducir sus índices de inflación, pero crecieron mucho menos que el resto de las economías no dolarizadas. “Por otra parte, estos países dolarizados tampoco lograron un mejor desempeño de sus déficits fiscales o saldos en cuenta corriente frente a naciones no dolarizadas. Por citar un ejemplo más concreto, a pesar de la dolarización, Ecuador tiene un riesgo país alto, de 1.400 puntos”, indicó.
“Frente a esta evidencia empírica que aportan los países que dolarizaron, la propia experiencia Argentina durante la vigencia del Plan de Convertibilidad, y la realidad de Misiones durante la década del 90 (cuando observamos como la falta de competitividad de nuestra moneda destruyó el comercio provincial y redujo significativamente el turismo internacional), es evidente que la opción por la dolarización ofrece soluciones imaginarias que solamente son efectivas en el plano de los supuestos, las conjeturas y las hipótesis. Tal como aportan estos ejemplos que repasamos durante la presentación, la dolarización no traerá mejores perspectivas para la economía real de las empresas y las familias ni a corto ni a largo plazo”, consideró Safran.
Argumentó además que para implementar un plan de dolarización se deberían primero obtener un balance fiscal equilibrado o superavitario, eliminar la emisión monetaria para financiar el déficit fiscal, resolver la distorsión de precios y acumular reservas en el Banco Central. “Objetivos que si son alcanzados tendrán como consecuencia directa la estabilización de nuestra moneda. Entonces, ¿para qué dolarizar si ya habremos logrado fortalecer nuestra propia moneda?, lo que supone un objetivo mucho más racional, soberano y sustentable para el desarrollo de la economía argentina a largo plazo”, razonó.